Desde aquel momento sagrado, nació el Estado del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Ese acontecimiento transformó radicalmente la posición de la nación y de cada vietnamita: de un pueblo que había perdido su soberanía, a un pueblo dueño de su propio destino; de individuos esclavizados, a ciudadanos de una nación independiente.
La voluntad del Partido se fundió con el sentir del pueblo. Los objetivos correctos se tradujeron en una organización adecuada y en acciones para superar todos los desafíos. Bajo la gloriosa bandera del Partido y la guía del Presidente Ho Chi Minh, el pueblo vietnamita encadenó sucesivas victorias. Las prolongadas guerras de resistencia contra el colonialismo y el imperialismo, con el espíritu de “Decididos a morir por la supervivencia de la Patria”, dieron lugar a la resonante Victoria de Dien Bien Phu en 1954, que resonó en los cinco continentes y sacudió al mundo, y a la Gran Victoria de la Primavera de 1975, que reunificó el país.
Estas epopeyas marcaron hitos brillantes en la gloriosa historia de la nación y enriquecieron los milenarios anales de la nación, contribuyeron a forjar y cristalizar el temple, la inteligencia, la voluntad y la fuerza del pueblo vietnamita y se convirtieron en un símbolo de confianza y en un sólido punto de apoyo para las generaciones venideras.
Lejos de ser simples páginas de la historia, la Revolución de Agosto, el Día de la Independencia y su Declaración siguen insuflando una gran fuerza y una enorme fuente de aliento y estímulo que motiva al país a cumplir sus responsabilidades en las siguientes etapas de desarrollo.
Aunque pasaron 81 años, la Declaración sigue resonando como un juramento inquebrantable sobre el derecho a vivir, a la libertad y a conquistar la felicidad de todo el pueblo vietnamita. El valor perdurable de las palabras “Independencia, Libertad, Felicidad” no es un simple encabezado institucional, sino también un juramento político y el criterio supremo para llevar adelante todas las orientaciones y políticas.
Tras 40 años de renovación, aplicando creativamente el marxismo-leninismo y el pensamiento de Ho Chi Minh a la práctica revolucionaria, bajo el liderazgo integral, permanente y directo del Partido, Vietnam ha conseguido logros de dimensión histórica, ha mantenido firmes la independencia y la soberanía, la defensa y la seguridad nacionales, y la estabilidad política y social. Ha elevado la escala y la competitividad de la economía y mejorado las condiciones de vida del pueblo. Parejamente, el país sigue una política exterior de independencia, autodeterminación, cooperación y desarrollo. La estructura, el potencial, la posición y el prestigio internacional de Vietnam son altamente valorados en la escena internacional, lo que contribuye a reforzar su posición y prestigio.
Repasar el pasado también sirve para mirar hacia el futuro y hace emerger una pregunta: ¿qué lugar ocupará Vietnam en un mundo abocado a grandes cambios políticos y económicos?
En 2025, el Producto Interno Bruto per cápita de Vietnam alcanzó los cinco mil 26 dólares, con lo que el país se situó entre los de ingresos medios-altos. La colosal dimensión de ese esfuerzo puede aquilatarse si se contempla el camino recorrido durante 40 años de Renovación. Pero el obstáculo de superar la trampa del ingreso medio y el desafío de alcanzar un desarrollo rápido y sostenible siguen presentes.
El XIV Congreso Nacional del Partido abrió una nueva página en la historia de la nación, con decisiones políticas urgentes y de alcance estratégico a largo plazo. Ante una competencia estratégica cada vez más intensa, y cuando los avances de la ciencia, la tecnología y la innovación transforman de manera profunda los métodos de producción y de gestión, el Partido ha definido claramente la necesidad de renovar el pensamiento y el modelo de desarrollo.
El tercer pleno del Comité Central del PCV del XIV mandato adoptó numerosas decisiones sobre cuestiones inéditas y estratégicas para configurar el modelo de desarrollo nacional hasta 2045 y más allá. El nuevo modelo de crecimiento consiste en pasar de una expansión basada en la amplitud a otra de mayor alcance y profundidad sustentada en la ciencia, la tecnología y la innovación. La ventaja competitiva de una nación no depende únicamente de lo que posee, sino también, en gran medida, de su capacidad para movilizar y aprovechar los recursos, de su capacidad para desbloquear los cuellos de botella, despertar el potencial y convertir las ventajas en recursos.
La capacidad de liderazgo del Partido no se constriñe a identificar problemas y formular orientaciones, ni en promulgar resoluciones correctas para resolver asuntos urgentes, sino también en acompañar los cambios con la calidad de la gobernanza y de los recursos humanos, así ejercer sus responsabilidades y capacidades de ejecución.
Los 81 años de gloriosa historia revolucionaria han legado a las generaciones actuales y futuras una base sólida estructural, de posición y prestigio internacional.
La nueva era viene acompañada de responsabilidades y expectativas nuevas para aprovechar un potencial y unas oportunidades de desarrollo sin precedentes. También exige valentía de pensamiento y acción para identificar, enfrentar y resolver los desafíos. Desde el día en que resonaron las palabras de la Declaración de Independencia hasta estos tiempos de Renovación y de profunda integración internacional, cada avance debe construirse sobre la aspiración al cambio, la voluntad y la acción decididas, la gran unidad nacional y el espíritu de hacer mayores contribuciones y cuantos sacrificios sean necesarios.
En el devenir de la historia revolucionaria, el objetivo de “independencia, libertad y felicidad” debe enriquecerse continuamente en contenido y ampliarse en alcance y significado, manteniendo firmes los valores y actuando con flexibilidad ante cada situación y etapa, de acuerdo con las condiciones y circunstancias concretas. Como afirmó el máximo dirigente del país, To Lam, la independencia debe garantizarse mediante la fuerza nacional y la capacidad de autonomía y autodeterminación. La libertad debe protegerse mediante la ley, la disciplina y el derecho del pueblo a ejercer su soberanía. Y la felicidad debe estar presente en el empleo, los ingresos, la educación, la atención sanitaria, la seguridad y las oportunidades de desarrollo de cada persona.
El pueblo confía, sigue de cerca y supervisa a un Partido de genuino liderazgo, capaz de asumir la misión de guiar a la nación. La Patria requiere de dirigentes leales y valerosos, tanto para construirla como para defenderla, mediante la inteligencia, la ética y el temple. El país experimenta una gran transformación para superar el estancamiento y avanzar hacia una renovación decidida.
Las insignias por 80 años de militancia en el Partido, entregadas solemnemente a personas que han dedicado toda su vida a trabajar y luchar por el país y el pueblo, en ocasión del 81º aniversario del triunfo de la Revolución de Agosto y del Día Nacional, son una expresión de gratitud hacia las generaciones anteriores y un compromiso de responsabilidad ante el Partido, la Patria y el pueblo.
La conmemoración del 81º aniversario del Día Nacional coincide con el 57º de la desaparición física del Tío Ho. El Partido, el pueblo y el Ejército se mantienen fieles a su Testamento y se esfuerzan por estudiar y seguir el pensamiento, la ética y el estilo de vida del Héroe Nacional, de conformidad con la Directiva 05-CT/TW del Buró Político, de fecha 15 de mayo de 2016.
En la nueva etapa de desarrollo, la exigencia de construir y rectificar el Partido y lograr un sistema político limpio y fuerte requiere que el estudio y la aplicación del pensamiento, la ética y el estilo de vida del Presidente Ho Chi Minh sean una práctica habitual, voluntaria y concreta, vinculada a la calidad y eficacia en el cumplimiento de las tareas y a los resultados del servicio al pueblo.
La Directiva 07-CT/TW del Buró Político, emitida el 13 de julio de 2026, define el fortalecimiento del liderazgo y la dirección del estudio y la práctica del pensamiento, la ética, los métodos y el estilo de vida del Presidente Ho Chi Minh como una tarea fundamental y permanente de todo el sistema político y de cada funcionario y militante del Partido.
El documento llama a que el seguimiento del paradigma del Tío Ho se vincule a la actitud de dar ejemplo, a la ética en el servicio público, a métodos de trabajo científicos y democráticos, cercanos al pueblo y al servicio del pueblo; a aplicar plenamente el principio de que “el pueblo es la raíz”. Es importante respetar, escuchar y promover el derecho del pueblo a ejercer su soberanía; contribuir a construir un Partido “ético y civilizado” para avanzar con éxito hacia los objetivos nacionales de desarrollo.
Esa será una digna continuidad de las gloriosas tradiciones revolucionarias del pueblo vietnamita, la materialización de la visión del Partido y del Testamento del Presidente Ho Chi Minh, en aras de colocar al país en la senda del desarrollo rápido y sostenible y construir una Patria poderosa y próspera donde el pueblo sea plenamente feliz.