La conmemoración anual del Día de los Inválidos y Mártires de Guerra (27 de julio) es una ocasión para que el Partido, el pueblo y el ejército presenten sus respetos al querido Presidente Ho Chi Minh, los combatientes caídos, las Madres Heroicas Vietnamitas (título honorífico otorgado por el Estado a las mujeres que perdieron a sus maridos o hijos por la guerra), los heridos en acto de servicio, y a los demás compatriotas consagrados a la causa revolucionaria.
Sin embargo, esta fecha no solo se dedica a homenajear el pasado, sino también a sensibilizar a cada vietnamita, a través de recuerdos sagrados, sobre el valor de la paz, la independencia y la libertad, y a hacerles conscientes de que cada logro de hoy se consiguió con el sudor, la sangre y los sacrificios de las generaciones anteriores.
La historia de la Revolución vietnamita ha sido una epopeya del patriotismo y la aspiración a la independencia nacional. Bajo la gloriosa bandera del Partido Comunista de Vietnam, sucesivas generaciones de dirigentes, soldados y civiles entregaron su juventud, sus sueños de formar una familia e incluso sus vidas a la salvaguardia de la patria y su pueblo, sin rendirse ante las penurias, los encarcelamientos, las bombas y las balas. Muchos regresaron heridos o mutilados, y otros tuvieron como tumbas improvisadas los campos de batalla.
Tanto los que yacen bajo una lápida como los que aún están por identificar, los caídos forman parte del alma de la nación y bendicen el trayecto de Vietnam hacia el progreso, la fuerza, la posición y el prestigio internacional.
En una carta de agradecimiento con motivo del Día de los Inválidos y Mártires de Guerra dirigida a las madres heroicas vietnamitas, a los combatientes caídos y heridos y a sus familias, el secretario general del Partido Comunista y presidente del país, To Lam, aseveró: “La forma más justa de rendir tributo a quienes se consagraron a la Patria consiste en seguir preservando los frutos de la Revolución, cultivando un Vietnam de paz, independencia, democracia, prosperidad, civilización, felicidad y en avance firme hacia el socialismo. Es una inquebrantable promesa de la actual generación a la predecesora, para que los sacrificios y la dedicación de ustedes brillen eternamente en el cielo de la Patria, guiando a la nación vietnamita hacia una nueva era de desarrollo”.
Desde que el Día de los Inválidos y Mártires de Guerra se instauró hace 79 años, el Partido y el Estado mantienen una postura consecuente a favor de las personas con servicios meritorios a la Revolución, considerándola una obligación política y manifestación vívida de la profunda naturaleza humanitaria del sistema socialista. El conjunto de políticas preferenciales para ellos no ha dejado de perfeccionarse y sus vidas materiales y espirituales han mejorado constantemente.
Los beneficiarios pasan de nueve millones 200 mil. El 99 por ciento de las familias cuyos miembros fueron distinguidos por sus servicios a la Revolución gozan de un nivel de vida igual o superior al promedio en su lugar de residencia. Ello no solo refleja la eficacia del marco de seguridad social, sino también demuestra que el arraigado principio de la gratitud se traduce en acciones y constituye una responsabilidad asumida por todo el sistema político y la sociedad.
Los movimientos que llevan por lema “Retribuir los sacrificios entregados” y “Todo el pueblo vela por las personas con servicios meritorios a la revolución” no solo brindan apoyo material (construyen casas caritativas, entregan ayudas en forma de libretas de ahorro y atienden a las Madres Heroicas Vietnamitas y a exsoldados con lesiones graves), sino que también difunden valores humanitarios y fortalecen la unidad nacional. Se trata de una clara muestra de que la tradición "Al beber agua, se recuerda el manantial" se cultiva día a día gracias a la responsabilidad, la compasión y la voluntad de compartir de la comunidad.
Pero aún queda mucho por hacer para recompensar tan inmensa deuda de gratitud. A más de medio siglo de la reunificación nacional, unos 175 mil soldados caídos reposan en lugares ignorados y cerca de 23 mil tumbas de mártires siguen sin identificar. Se trata de un vacío inmenso que lacera el corazón de innumerables familias. Cada madre que espera a su hijo, cada mujer que espera a su marido, y cada niño que anhela conocer el lugar de descanso de su padre o tío, recuerdan que el fin de la guerra no da por terminada la responsabilidad hacia quienes entregaron sus vidas.
La campaña de 500 días para intensificar la búsqueda, la recogida y la identificación de los restos mortales de los soldados caídos, iniciada en marzo, es una marcha en tiempos de paz. Se trata también de una tarea política, una "orden desde el corazón", y de la prevalencia del principio moral de retribuir de esta manera los sacrificios de ayer, con el apoyo de la ciencia y la tecnología.
El digno ejercicio de la tradición de gratitud requiere el continuo perfeccionamiento de las políticas y su eficaz implementación. Hacen faltan programas de acción adecuados a las prácticas para divulgar y dar vida a la Resolución del XIV Congreso Nacional del Partido, las principales directrices del Buró Político y el Secretariado del Comité Central del Partido, así como la Ordenanza sobre el Trato Preferencial a las Personas con servicios meritorios a la Revolución.
Además de pulir las políticas, han de mejorar la calidad de atención médica, proveer formación vocacional y crear puestos de trabajo para los colectivos vulnerables, proporcionarles viviendas dignas y garantizar que se beneficien plenamente de las políticas preferenciales del Partido y del Estado.
Cada política bien practicada entraña bienestar para quienes lo merecen, fortalece la confianza del pueblo y reafirma la responsabilidad del sistema político nacional.
Las apelaciones del primer ministro del Gobierno en aras de una mayor atención a las personas con méritos revolucionarios, sobre todo en saludo al 80º aniversario del Día de los Inválidos y Mártires de Guerra en 2027, siguen inspirando el sentido de responsabilidad y compasión, además de conjuntar los esfuerzos del sistema político y la sociedad en tan merecido tributo.
La gratitud debe ser un propulsor de la aspiración al desarrollo en la nueva era. Conscientes de que su bienestar de hoy es posible a las gloriosas pérdidas de otros como ellos que se inmolaron en los campos de batalla, los jóvenes se sienten incentivados a triunfar en su aprendizaje, carrera profesional y proceso de creación, para contribuir, cada cual es su campo, a la construcción de un Vietnam pacífico, fuerte, próspero, civilizado y feliz.