Disyuntiva sobre soberanía sanitaria

El Banco Africano de Desarrollo (BAD) acaba de conceder un préstamo multimillonario al Instituto de Productos Biológicos y Vacunas de Sudáfrica (Biovac) para construir una planta de producción de vacunas, lo cual representa un gran paso adelante para el continente en su camino hacia la menor dependencia de las vacunas importadas.

Sede de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de África, en Adís Abeba, la capital de Etiopía. (Foto: Xinhua)
Sede de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de África, en Adís Abeba, la capital de Etiopía. (Foto: Xinhua)

En un contexto de propagación crónica de epidemias, el fortalecimiento de la soberanía sanitaria se presenta como una necesidad urgente y un gran desafío para África.

La futura planta en Sudáfrica supondrá un notable cambio de rumbo en el sector sanitario del continente: se pasará de la dependencia de las importaciones de vacunas a la creación de infraestructuras y a la transferencia de tecnologías para aumentar la producción nacional.

Cuando entre en operaciones, será la primera planta de África en producir vacunas orales contra el cólera, y posteriormente abordará fórmulas contra la poliomielitis, la neumonía y la meningitis. Se prevé que la capacidad del Biovac alcance los 500 millones de dosis anuales en 2028.

Este proyecto sigue a los numerosos esfuerzos emprendidos recientemente en Ruanda, Senegal, Egipto y otros países africanos. Solomon Quaynor, vicepresidente del BAD a cargo del Sector Privado, Infraestructuras e Industrialización, apuntó que la idea no solo radica en ampliar la capacidad de producción de vacunas, sino también en satisfacer objetivos de desarrollo a largo plazo, o sea, garantizar la soberanía sanitaria y fortalecer la capacidad de respuesta a futuras emergencias.

Estas acciones son analíticamente válidas y justificables para llenar las lagunas del sistema de salud regional. África alberga a más del 18 por ciento de la población mundial y suele ser epicentro de enfermedades. Sin embargo, solo produce alrededor de uno por ciento de los antígenos administrados en el continente. Además, las instalaciones dedicadas a este proceso se concentran en unos pocos países. La autonomía en el suministro de vacunas ha sido, por tanto, un desafío pertinaz para el continente.

Esa desventaja se hizo patente durante la brutal pandemia de Covid-19: el mundo atestiguó una carrera desigual por el acceso a vacunas entre los países desarrollados y los subdesarrollados, sobre todo en África.

Mientras las naciones ricas, donde se asientan la mayoría de las grandes compañías farmacéuticas, apenas tardaban en asegurarse las dosis demandadas, incluso de sobra, África las recibía a cuentagotas. Las tasas de vacunación fueron tan disparesque, como lamentó la Organización Mundial de la Salud, África quedó rezagada. Esa realidad no solo refleja la desigualdad en la distribución mundial de vacunas, sino también expone las graves deficiencias del sistema sanitario africano.

No es descartable que nuevas pandemias azoten al ser humano, sobre todo debido a la creciente frecuencia y magnitud de los factores que aumentan el riesgo de brotes, como las catástrofes naturales, los conflictos y las crisis humanitarias. El Covid-19 dejó una advertencia sobre la falta de autonomía en materia de provisiones médicas, una falencia que África ya sufrió y ante la cual sigue siendo vulnerable.

Para evitar que esta situación se repita, el aumento de la capacidad de producción de vacunas ha sido una prioridad en la agenda regional durante los últimos años. La Unión Africana se ha fijado el objetivo de cubrir por cuenta propia el 60 por ciento de la demanda continental de inmunizantes para 2040, en aras de acabar con la casi absoluta dependencia del abastecimiento externo.

Si bien África ha logrado ciertos progresos hacia la autonomía en la producción de esas sustancias y las inoculaciones esenciales para toda su población, el camino por delante está plagado de desafíos.

De acuerdo con analistas, la cuestión ya no reside en construir fábricas, sino cómo garantizar su funcionamiento y eficiencia. La mano de obra cualificada, mercados estables para la venta, las inversiones a largo plazo y las tecnologías de producción, serán acertijos que los dirigentes regionales deben solventar cuanto antes para avanzar hacia la soberanía vacunal de África.

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