El objetivo de la propuesta es propiciar el regreso voluntario de las personas desplazadas a sus lugares de origen, donde se les normalizará la vida paso a paso mediante la reconstrucción de viviendas, la rehabilitación de infraestructuras críticas y la restitución de servicios básicos.
Al situar la repatriación como un pilar de la reconstrucción nacional, el Gobierno sirio impulsa activamente el desmantelamiento de los campamentos de refugiados. Para ello, busca coordinarse con actores internacionales para obtener el apoyo logístico y financiero necesario que garantice el regreso seguro de los desplazados y su reasentamiento, así como la reconstrucción.
La política de Washington hacia ese país de Asia Occidental ha cambiado notablemente en función de sus lazos con el gobierno de transición, al pasar de las coerciones a la facilitación de la recuperación. La administración de Donald Trump firmó una orden ejecutiva que puso fin a la emergencia nacional en Siria y levantó gran parte de las sanciones que le había impuesto.
Las presiones cedieron aún más luego de que recientemente Washington retirara a la República Árabe de su lista de Estados patrocinadores del terrorismo y liberara de varias sanciones al movimiento Hayat Tahrir al-Sham (Organización para la Liberación del Levante).
Según explicó el Departamento del Tesoro, dichos gestos facilitan las inversiones y la estabilidad económica en Siria, pero sin levantar las medidas contra individuos y entes considerados una amenaza para la seguridad o vinculados al terrorismo.
El apego de Estados Unidos a la máxima “Siria sin campamentos de refugiados” brinda asistencia humanitaria, a la vez que aumenta el acceso de Damasco a fuentes de capital y tecnologías norteamericanas y de otros socios de Occidente para su recuperación infraestructural y económica. El sector privado sirio también goza de condiciones jurídicas más favorables gracias a la flexibilización de las sanciones estadounidenses.
Estados Unidos se beneficiará de una economía siria soberana y ya no dependiente de financiación externa. Por ejemplo, apoya la construcción de un oleoducto desde Basora (Irak) al puerto sirio de Baniyas, para transportar petróleo a través del Mar Mediterráneo, como alternativa al estrecho de Ormuz. Ese proyecto promete expandir las rutas de transporte energético en la región y crear oportunidades para las empresas estadounidenses.
Para Washington, la repatriación y la reintegración de los sirios en su país aliviarán la presión humanitaria, limitarán la existencia de zonas propensas a la inestabilidad y mejorarán la seguridad en general. Con el norte y noreste del país albergando aún a decenas de miles de desplazados internacionales en centros de detención y refugio, Washington subraya que resolver esta situación va más allá de lo puramente humanitario y se convierte en una estrategia de seguridad nacional y antiterrorismo.
Además, Siria sigue siendo un enclave de relevancia estratégica en la región. Encontrar un mecanismo de desescalada entre esa nación, Israel y Turquía es un asunto de cardinal interés para Estados Unidos, pues mantener buenas relaciones con Damasco le facilitará configurar un nuevo orden regional.
Una Siria estable, reunificada y capaz de gobernarse y controlar las amenazas terroristas se alinea con los objetivos económicos y de seguridad de Estados Unidos. La iniciativa de cero campos de refugiados es una prueba de vital importancia durante su marcha hacia la estabilidad, con miras a modelos de cooperación mutuamente beneficiosa.