La economía mundial bajo presión de múltiples perturbaciones

La volatilidad geopolítica, el desajuste en los mercados energéticos y financieros y el aumento de las barreras comerciales están lastrando la economía mundial. En este contexto, los países en desarrollo enfrentan la necesidad urgente de diversificar sus fuentes de suministro, potenciar su capacidad de producción e intensificar la cooperación internacional para mejorar su resiliencia frente a las perturbaciones externas.

Un buque de carga está descargando contenedores en el puerto de Lianyungang, en la provincia de Jiangsu, China. (Foto: Xinhua)
Un buque de carga está descargando contenedores en el puerto de Lianyungang, en la provincia de Jiangsu, China. (Foto: Xinhua)

La economía mundial se ve cada vez más golpeada por las tensiones geopolíticas. Mientras los conflictos en Oriente Medio no muestran señales de remitir, factores como la seguridad energética, la vulnerabilidad de las cadenas de suministro y la rivalidad estratégica entre las principales economías están ensombreciendo el entorno empresarial mundial, con repercusiones cada vez más profundas en las perspectivas de crecimiento, el comercio y la inversión.

En su Informe Comercio y Desarrollo 2026, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), alertó que el crecimiento económico mundial se desacelerará del 2,9 por ciento en 2025 al 2,6 por ciento en 2026. Este panorama poco alentador refleja el efecto combinado de las perturbaciones energéticas, la inestabilidad financiera y las nuevas barreras comerciales. Los conflictos han encarecido los precios del petróleo y la energía, castigando con mayor fuerza a las economías dependientes del suministro exterior y agrava la carga del coste de la vida para los hogares de bajos ingresos.

Las naciones en desarrollo asumen el mayor impacto de la crisis debido a sus limitaciones en materia de recursos financieros, tecnología y capacidad productiva propia. Según la UNCTAD, el crecimiento económico de ese grupo de países se reducirá del 4,7 por ciento en 2025 al cuatro por ciento en 2026. Estas previsiones muestran que, a pesar de mantener tasas de crecimiento superiores al promedio mundial, las economías en desarrollo siguen siendo vulnerables a las repercusiones de las perturbaciones externas.

Los efectos son especialmente evidentes en los países que dependen de las importaciones de combustibles, alimentos y materias primas. Las dificultades se agravan en aquellos con un margen fiscal limitado y una elevada deuda pública. Adicionalmente, las tensiones geopolíticas están alentando la reestructuración de las cadenas de suministro, lo que abre oportunidades para atraer inversiones y desarrollar nuevas industrias en países con una posición estratégica, un entorno empresarial favorable y una fuerza laboral adecuada.

Las sucesivas perturbaciones están poniendo a prueba la resiliencia de la economía mundial. Diversificar las fuentes de suministro energético y eliminar los cuellos de botella en las cadenas de suministro es esencial para reducir los riesgos. No se trata solo de soluciones coyunturales, sino también de componentes esenciales de una estrategia de seguridad económica a largo plazo. En lugar de depender de un solo proveedor, una ruta de transporte o un tipo de combustible, las economías deben crear estructuras de suministro más flexibles mediante la diversificación de los socios, el mantenimiento de reservas estratégicas, la mejora de la eficiencia energética y el desarrollo de fuentes de energía.

Para diversificar las cadenas de suministro, las naciones países en desarrollo deben ampliar sus redes de socios a fin de facilitar la sustitución de proveedores y garantizar que los sectores esenciales dispongan de alternativas ante posibles crisis. A ello se suma la necesidad de coordinar políticas industriales, financieras y tecnológicas, y fortalecer los vínculos entre la inversión extranjera y los proveedores nacionales, con vistas a aumentar el valor añadido interno y su capacidad de resistencia frente a las fluctuaciones externas. A largo plazo, la resiliencia de una economía no depende en exclusivo de su capacidad para superar perturbaciones inmediatas, sino también de su estructura productiva, su nivel tecnológico y la diversificación de sus fuentes de ingresos. Por ello, es imperativo pasar de un enfoque centrado en responder a las crisis a otro orientado a fortalecer su resiliencia de manera integral y sistemática.

En un mundo cada vez más fragmentado, el fortalecimiento de la cooperación entre las naciones en desarrollo es un factor importante para reducir riesgos. La ampliación del comercio, el desarrollo de cadenas de suministro regionales y la coordinación de inversiones en infraestructuras transfronterizas permiten diversificar los mercados, reducir los costes de transacción y aprovechar mejor las complementariedades entre las economías. A través de los mecanismos de cooperación regional, los Estados con mercados pequeños pueden ampliar sus oportunidades comerciales, coordinar el desarrollo de redes logísticas, intercambiar experiencias en la gestión de crisis y establecer normas comunes.

La UNCTAD advierte que la economía mundial afronta numerosos desafíos interrelacionados. Las tensiones geopolíticas, las perturbaciones energéticas, las barreras comerciales y la inestabilidad financiera no solo generan dificultades a corto plazo, sino también plantean la necesidad de ajustar los modelos de desarrollo. En este contexto, los países en desarrollo deben fortalecer su resiliencia interna y, al mismo tiempo, mantener una cooperación internacional sustantiva, con el objetivo de transformar los desafíos geopolíticos en motores de innovación y desarrollo sostenible.

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