Con la reciente retirada definitiva de sus tropas de Irak, Estados Unidos puso fin a las operaciones de la coalición internacional que combatía al Estado Islámico (EI) en dicho país. El fin de esta intervención militar transforma no solo el panorama de la lucha antiterrorista en el país árabe, sino también el futuro de las relaciones entre Washington y Bagdad.
"La cooperación entre Irak y la coalición ha dado como resultado la victoria y ha cerrado uno de los capítulos más oscuros del extremismo en nuestra historia", destacó el primer ministro Alí al-Zaidí en el discurso oficial que puso fin a la misión antiterrorista de las fuerzas internacionales en Irak.
Sin embargo, el repliegue total de la coalición no significa que Irak haya puesto fin a su lucha contra el terrorismo, sino que abre una fase de transición en la que Bagdad asumirá de forma independiente la responsabilidad de garantizar la seguridad y la estabilidad nacionales. La retirada de las fuerzas extranjeras también facilita que el gobierno de Ali al-Zaidi lidere las acciones en pro de la seguridad nacional.
La retirada estadounidense, en virtud de un acuerdo alcanzado entre Bagdad y Washington en 2024, pone fin a la misión de la coalición internacional liderada por Estados Unidos para combatir al ISIS en Irak. El proceso ha sido posible gracias a una mejora significativa de la situación en el país. En 2017, con apoyo de la coalición, Irak declaró la expulsión del ISIS de los territorios que controlaba. El portavoz del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas iraquíes, Sabah al-Numan, afirmó que la situación de seguridad interna es ahora estable y que el gobierno controla todo el territorio.
A pesar de las persistentes preocupaciones, la retirada de las tropas de la coalición marca el inicio de un proceso para establecer un nuevo equilibrio en las relaciones entre Irak y sus socios.
Irak ha logrado avances significativos en su lucha contra el terrorismo y el mantenimiento de la paz, pero en gran medida fue a costa del sostenido apoyo de Washington. La retirada de las tropas estadounidenses hace temer a muchos expertos un nuevo vacío de seguridad que permitan al ISIS reforzar sus fuerzas.
La preocupación está plenamente justificada. Si bien el ISIS fue expulsado de las zonas que controlaba, sus elementos mantienen redes clandestinas y continúan perpetrando ataques a pequeña escala. Además, Bagdad todavía no ha resuelto un problema harto complejo: el desarme. Las milicias proiraníes permanecen activas, poseen armas y su presencia en territorio iraquí aún es considerable. Los próximos tiempos pondrán a prueba la capacidad del país para garantizar su propia seguridad.
A pesar de las persistentes preocupaciones, la retirada de las tropas de la coalición marca el inicio de un proceso para establecer un nuevo equilibrio en las relaciones entre Irak y sus socios. Washington y Bagdad avanzan hacia una fase en que la cooperación económica y comercial es cada vez más importante. Bagdad ha invitado a las compañías estadounidenses a invertir en petróleo y gas, electricidad, infraestructura e industria.
Sin embargo, dada su ubicación estratégica en el corazón de Oriente Medio, Irak es también un lugar donde Estados Unidos e Irán mantienen una influencia paralela. Si no actúa con tiento, Irak podría verse atrapado entre dos fuerzas opuestas, lo que tendría repercusiones negativas en su situación de seguridad.
En este contexto, practicar una política exterior equilibrada será un desafío para Irak, pero también un objetivo irrenunciable en el propósito de mantener la estabilidad en una región afectada por numerosas tensiones geopolíticas.
Tras superar años de terror, violencia y conflictos étnicos, Irak se ve ante una encrucijada en el camino hacia la construcción de una paz duradera y una vida pacífica para su pueblo. El horizonte está plagado de retos, pero a lo lejos, el gobierno del primer ministro Ali al-Zaidi también avizora la posibilidad de guiar al país hacia la paz y el desarrollo.