Desafíos a la seguridad alimentaria mundial

El índice mundial de precios de los alimentos alcanzó su nivel más alto en casi cuatro años, asestando un duro golpe a las metas globales de erradicar el hambre para 2030. Ante el caos en las cadenas de suministro y la incidencia de fenómenos meteorológicos extremos, resulta urgente reforzar la resiliencia de los sistemas alimentarios y aumentar la capacidad de autosuficiencia alimentaria.

Habitantes de la República Centroafricana esperan la distribución de alimentos por parte de la FAO. (Foto ilustrativa: Xinhua)
Habitantes de la República Centroafricana esperan la distribución de alimentos por parte de la FAO. (Foto ilustrativa: Xinhua)

En los últimos meses los precios mundiales de los alimentos han mantenido una tendencia alcista y alcanzaron nuevos máximos. Un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indica que, en septiembre, el índice de precios de los alimentos se situó en un promedio de 136 puntos, 1,5 por ciento más que en agosto y 5,8 por ciento por encima del nivel registrado un año antes, su cota más elevada desde finales de 2022. Los precios mundiales del trigo alcanzaron su mayor cota en tres años, mientras los del azúcar llegaron a su punto más alto en 18 meses.

Este repunte en la comida obedece a una combinación de múltiples factores, entre los cuales destacan las perturbaciones de las cadenas de suministro provocadas por los conflictos. Las tensiones en Oriente Medio han comprometido la seguridad del tránsito por el estrecho de Ormuz, fundamental para el flujo internacional de hidrocarburos e insumos químicos, generando restricciones de oferta que elevaron de forma inmediata las cotizaciones del petróleo y los fertilizantes. La interrupción de las principales arterias del comercio internacional impacta transversalmente en toda la cadena de producción agrícola, desde el funcionamiento de la maquinaria y la siembra hasta el transporte de los productos, altera los ciclos productivos y ejerce una presión sostenida al alza sobre los precios de los alimentos.

Las Naciones Unidas advierten que los conflictos armados están desmantelando los sistemas alimentarios y disparando las cifras del hambre. Los países dependientes de las importaciones, aquellos con una capacidad limitada de producción y las naciones pobres son los más afectados. Al menos 266 millones de personas en 47 países enfrentan una inseguridad alimentaria aguda, atrapadas en un círculo vicioso de violencia y pobreza que parece no tener fin.

A esta presión se suma la de los fenómenos meteorológicos extremos, que desestabilizan los sistemas alimentarios mundiales, con impactos directos sobre la producción agrícola, el suministro de alimentos y los medios de vida. El Niño representa una grave amenaza para la seguridad alimentaria de millones de personas ya sometidas a situaciones de vulnerabilidad. Según la ONU, las graves inundaciones, las sequías y las temperaturas extremas asociadas a ese fenómeno de escala global podrían llevar al menos a otros 49 millones de personas a una situación de inseguridad alimentaria aguda a finales de 2027. Se prevé que América Central y África meridional sean las regiones más afectadas.

Al mundo le quedan solo cuatro años para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), incluido el ODS 2, que establece la meta de Hambre Cero para 2030. Sin embargo, los conflictos armados y el cambio climático destruyen la producción de alimentos y borran años de esfuerzo. Según la FAO, si no se adoptan medidas contundentes, más de 500 millones de personas en el mundo seguirán padeciendo hambre en 2030.

Las perturbaciones de los últimos tiempos ponen de manifiesto la vulnerabilidad del sistema alimentario mundial ante las conmociones de la oferta y los fenómenos meteorológicos extremos. Este escenario exige respuestas integrales y coordinadas para afrontar los desafíos que amenazan la seguridad alimentaria mundial. No solo se trata de garantizar el suministro de fertilizantes y energía para la producción agrícola, sino también de construir sistemas comerciales y cadenas de suministro más resilientes.

Para aliviar las presiones inmediatas, los expertos recomiendan a la comunidad internacional restablecer cuanto antes el funcionamiento de las rutas de transporte marítimo y estabilizar los precios de los fertilizantes y los combustibles. A largo plazo, sin embargo, resulta esencial que los países refuercen sus reservas estratégicas de alimentos, amplíen la cooperación multilateral para estabilizar los mercados frente a perturbaciones imprevistas y fortalezcan su capacidad de producción interna. Para ello será necesario impulsar el desarrollo de sistemas de alerta temprana, la agricultura inteligente y variedades de cultivos resistentes a las condiciones climáticas adversas.

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