Los países en desarrollo y su creciente estatus internacional

El creciente peso y voz de las naciones en desarrollo en el escenario internacional demuestra su empeño por unirse a la solución de los retos globales. Pero avanzar en tal senda no solo requiere resolución de esas naciones, sino también la renovación de las instituciones multilaterales frente a las exigencias de la nueva era.

El mundo asiste hoy a transiciones radicales en el peso político de los países en desarrollo en África, América Latina y Asia, entre otras regiones. De “jugar” a las normas, han llegado a marcar pautas propias en el “tablero estratégico” mundial.

A modo de ilustración, Zimbabue y Trinidad y Tobago fueron electos miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el período 2027-2028. Por el lado asiático sobresale el esfuerzo de Pakistán por mediar en el conflicto entre su vecino Irán y Estados Unidos.

Pese a ello, persisten las dudas acerca de si las voces de los países en desarrollo han recibido una atención proporcional a su rol cada vez más notorio. Varios eventos internacionales recién convocados pusieron el tema sobre mesa.

En la Cumbre Mundial de NDTV 2026, celebrada en la India, el primer ministro de este país, Narendra Modi, afirmó que las flaquezas de la ONU han quedado "al descubierto". Las instituciones globales, remarcó, deben reforzar su estructura, otorgar un mayor peso a los países en desarrollo y robustecer la cooperación internacional en tiempos de crisis.

También el ministro de Relaciones Exteriores de Indonesia, Arrmanatha Nasir, exhortó en Yakarta a una transformación integral del organismo durante un evento por el Día de las Naciones Unidas 2026. Precisó la necesidad de involucrar a los países en desarrollo en la configuración de nuevas normas.

Fortalecer la representatividad y la voz de las naciones en desarrollo constituye el consenso mayoritario en los debates sobre la reforma del Consejo de Seguridad. Se prevé que la participación de disímiles regiones y grupos de países en las organizaciones multilaterales aporte perspectivas multidimensionales, favorezca las oportunidades de cooperación y esfume las líneas divisorias entre los países y las soluciones a retos comunes.

Los países en desarrollo manifiestan un creciente interés por un mundo multipolar donde tengan mayor influencia sobre los asuntos que afecten su futuro.

Aun así, les queda mucho por hacer a fin de mantener su posición en la palestra internacional, incluidos la renovación de modelos de desarrollo y el fortalecimiento de sus ventajas en el proceso de crecimiento.

La ciencia-tecnología, particularmente la inteligencia artificial, es un factor decisivo para la competitividad nacional. En este contexto, las economías encaran la cuestión de insertarse más profundamente en el flujo global de la tecnología y elevar su capacidad productiva, en lugar de limitarse a subcontratar o distribuir productos.

Además, las organizaciones que aspiren a admitir a países en desarrollo deben estar preparadas para asumir las enormes disparidades existentes entre las economías, así como las opiniones e intereses divergentes, que obstaculizan el logro de un objetivo común.

A medida que ante el mundo se alzan desafíos cada vez más complicados, como la rivalidad estratégica, los conflictos armados y la inseguridad alimentaria, una mayor presencia de los países en desarrollo promete resultados más justos, inclusivos, y relevantes a las prácticas y necesidades.

Otro tema de interés en la actual tendencia de globalización consiste en afianzar los vínculos entre las partes, pues las zonas donde impera la inestabilidad son propensas a desencadenar una reacción en cadena. Cuando el desarrollo global se ve interrumpido y surgen desafíos en todas las esferas, ningún país, grande o pequeño, es capaz de arreglárselas por sí solo.

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