Carrera por puesto de secretario general de ONU entra en una fase decisiva

La carrera por la Secretaría General de las Naciones Unidas (ONU) para el próximo mandato entra en una fase decisiva. La comunidad internacional espera encontrar a un "capitán" con la capacidad de forjar consensos, reconstruir la confianza entre potencias con intereses contrapuestos y dirigir la organización en tiempos de turbulencias, reafirmando el peso político de la ONU en la agenda global.

Vista general de una sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, EE. UU. (Foto: Xinhua/VNA)
Vista general de una sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, EE. UU. (Foto: Xinhua/VNA)

El proceso de sucesión para el máximo cargo de la ONU, previsto para iniciar el 1 de enero de 2027, viene suscitando una creciente atención. Un representante de Grecia, país que ejerce la presidencia rotativa del Consejo de Seguridad de la ONU en octubre, señaló la urgencia de que los Estados miembros alcancen un consenso sobre el nuevo secretario general.

Según el procedimiento establecido, el Consejo de Seguridad deberá acordar una nominación para someterla a la ratificación de la Asamblea General de la ONU. Entre los siete aspirantes se encuentran Rebeca Grynspan, secretaria general de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo, y Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica.

La elección del sucesor de António Guterres no es un simple relevo periódico, sino también el inicio de una nueva etapa para la ONU, urgida de reformas profundas para adaptarse a un mundo en rápida transformación.

El próximo secretario general deberá conducir a la organización a través de un período turbulento, marcado por múltiples desafíos simultáneos, como las tensiones geopolíticas, la escasez de recursos financieros y el debilitamiento de la confianza en el multilateralismo. El elegido deberá reunir prestigio, experiencia y capacidad de liderazgo para forjar consensos entre países con intereses estratégicos y posiciones muy diferentes sobre cuestiones fundamentales.

La ONU atraviesa actualmente una grave crisis financiera y de confianza. Los recortes presupuestarios la han obligado a aplicar medidas de austeridad. La falta de financiación gravita sobre tareas esenciales como el mantenimiento de la paz y la asistencia humanitaria, con lo que muchas personas vulnerables corren el riesgo de quedar excluidas de los programas de ayuda. Recientemente, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados informó que solo había recibido 3 mil millones de dólares de los 8,5 mil millones necesarios para financiar sus actividades en 2026.

Reforzar la posición y la voz de la ONU tampoco será una tarea sencilla. La creciente competencia estratégica y las profundas divisiones entre los Estados miembros han suscitado dudas sobre la capacidad de la organización para coordinar y dirigir los esfuerzos colectivos. Un ejemplo de ello fue la incapacidad del Consejo de Seguridad para aprobar un proyecto de resolución destinado a reforzar la seguridad en el estrecho de Ormuz pese a que el conflicto en la zona obstaculiza el comercio mundial.

La reforma de la ONU constituye asimismo una tarea urgente que requiere consultas y consensos entre numerosos países. Uno de los asuntos más destacados es la reforma del Consejo de Seguridad. Aunque la paz, la seguridad y el desarrollo de África figuran con frecuencia en su agenda, el continente sigue sin contar con un representante permanente en este órgano.

No pocos Estados han expresado su preocupación por la desequilibrada representatividad del Consejo de Seguridad. El pasado fin de semana se celebró en Libia la 14ª Reunión Ministerial del Comité de los Diez de la Unión Africana sobre la reforma del Consejo de Seguridad.

El contexto geopolítico mundial ha cambiado considerablemente desde la fundación de la ONU hace 81 años, lo que plantea al próximo secretario general el imperativo de reformarla. Otra asignatura pendiente es recuperar la confianza de la comunidad internacional en el multilateralismo, para que la ONU siga siendo considerada un “faro” que guíe al mundo hacia un futuro de paz y cooperación.

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