Una prueba de cara a elecciones de medio término en EE.UU.

En el marco del tramo final de la campaña para los comicios de mitad de mandato, la administración del presidente de EE.UU., Donald Trump, impulsa una serie de políticas destinadas a incrementar   la oferta de petróleo, gas natural y combustibles.

El presidente de EE.UU., Donald Trump. (Foto: VNA)
El presidente de EE.UU., Donald Trump. (Foto: VNA)

El gobierno de Trump busca ganar votos controlando el precio de los combustibles y aumentando su oferta. Para lograrlo, recurre a herramientas de producción nacional, comercio exterior y regulaciones en el sector energético.

Para contener los precios, Washington apuesta por aumentar la refinación de petróleo, importar más combustibles y reactivar proyectos de gas natural.

Las medidas contemplan ampliar la capacidad de las refinerías locales, aumentar la adquisición de crudo venezolano y presionar a otros países para que utilicen sus reservas de emergencia.

EE.UU. ha llegado a acuerdos con varias naciones para liberar más de 130 millones de barriles de diésel de sus reservas. También impulsa proyectos de infraestructura de gas natural para reforzar la capacidad de abastecimiento energético a largo plazo.

Una de las medidas más notorias es recurrir a la Ley de Producción de Defensa para ampliar la capacidad de procesamiento de petróleo.

Según el Departamento de Energía de EE.UU., la administración destinará hasta 150 millones de dólares de los fondos previstos en esa ley a ampliar la producción, el almacenamiento y la logística de productos petrolíferos en las refinerías del país.

Se espera que esa inversión permita aumentar en millones de galones diarios la producción de combustibles refinados y fortalecer así el abastecimiento a consumidores y empresas. La medida busca resolver uno de los principales desafíos del sector energético: transformar el petróleo crudo en combustibles listos para su consumo.

Sin embargo, la producción masiva de crudo no se traduce en una oferta abundante de gasolina y diésel. El abastecimiento final del mercado depende de la capacidad de refinación, la infraestructura disponible, la densidad del petróleo extraído y las condiciones del transporte logístico.

Estas medidas muestran que Washington intenta contener los precios de los combustibles desde distintos frentes, en lugar de depender únicamente del aumento de la producción de petróleo crudo. Cuando escasean productos como el diésel, aumentar la oferta de crudo no basta para resolver el problema si no crece también la capacidad de refinación o la disponibilidad de combustibles procesados.

Según la Administración de Información Energética de EE.UU., la producción de combustibles destilados, incluido el diésel, promedió 5,1 millones de barriles diarios entre enero y agosto de este año, el nivel más alto desde 2019. Sin embargo, al 11 de septiembre, las reservas estaban un 13 por ciento por debajo del promedio estacional de los cinco años anteriores.

La escasez de oferta en el mercado mundial, sumada a la mayor demanda estadounidense de diésel importado, sigue presionando los precios minoristas. La liberación de combustibles de las reservas podría aliviar la escasez a corto plazo siempre que no haya interrupciones en el transporte y la distribución.

Por otra parte, ampliar la capacidad de refinación y construir gasoductos exige grandes inversiones, trámites complejos y largos plazos de ejecución. Por ello, estabilizar los precios de la energía a largo plazo sigue siendo un desafío.

La compleja situación en Oriente Medio y la volatilidad del mercado energético mundial evidencian que, incluso si aumenta la oferta, persiste el riesgo de interrupciones en la extracción, la refinación o el transporte en zonas estratégicas. Estos factores podrían obstaculizar los esfuerzos de Washington por reducir el costo de vida de los estadounidenses.

Las nuevas medidas de la administración de Trump ponen de manifiesto que la economía y la inflación siguen siendo preocupaciones centrales para los votantes estadounidenses.

El encarecimiento del diésel puede obligar a las empresas de transporte a subir los fletes, mientras los agricultores y productores afrontan mayores costos operativos. Parte de ese incremento puede trasladarse a los consumidores mediante el alza de los precios de los alimentos y otros productos básicos.

Los altos precios de los combustibles alimentan las presiones inflacionarias. Así, el costo de la energía ocupa un lugar cada vez más destacado en el debate económico de cara a las elecciones de medio término.

Las encuestas indican que las preocupaciones por la economía y la inflación siguen influyendo considerablemente en la percepción de los votantes ante los comicios.

Diversificar las fuentes de abastecimiento y reducir los precios de los combustibles sigue siendo un reto para la administración del presidente Donald Trump antes de las elecciones. La eficacia de las medidas dependerá en gran medida de factores fuera del control de Washington, lo que puede ampliar la brecha entre los objetivos políticos y los resultados que perciben los ciudadanos.

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