Responsabilidad compartida con el planeta verde

El presidente de la 28 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP28), Sultán Al Jaber, ha instado a los países a fortalecer el apoyo financiero a las economías en desarrollo ante el calentamiento global. El reparto de la carga financiera se considera fundamental  para alcanzar cuanto antes los objetivos de protección del planeta verde.
Foto ilustrativa.
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En declaraciones a la prensa, el presidente de COP28 afirmó que es hora de elaborar un acuerdo más justo para el hemisferio sur, especialmente en el tema del financiamiento climático. Apoyó los planes y proyectos más ambiciosos a fin de prevenir el calentamiento global. También enfatizó que el mundo necesita lograr un plan de acción realista con condiciones de apoyo financiero accesible para las naciones pobres.

El Sultán Al Jaber exhortó al mundo a triplicar hasta el 2030 las inversiones en tecnología limpia, finanzas adaptativas y transición energética en los países en desarrollo.

Hasta 600 millones de personas en África no tienen acceso a la electricidad y ello se considera el problema más acuciante en este momento.

El financiamiento ha sido un motivo de preocupación durante muchos años y el “cuello de botella” de numerosas negociaciones regionales e internacionales sobre el clima. Pero las acciones climáticas aceleradas solo son realizable si los países disponen de suficientes recursos financieros.

De acuerdo con un especialista del Banco Mundial (BM), la agenda climática es fundamental para los países africanos, pero el continente no quiere suplir la agenda de desarrollo por la climática. Hasta 600 millones de personas en África carecen de acceso a la electricidad y ello se considera el problema más acuciante en este momento.

Hubo un avance notable en la COP27, celebrada en Egipto en noviembre de 2022, cuando las partes acordaron establecer el Fondo para Pérdidas y Daños para sufragar los gastos en que incurren los países en desarrollo debido a los desastres naturales. Ese gesto demuestra la alta prioridad que dan las naciones al tema de repartir la carga financiera. Sin embargo, persisten varios obstáculos en la realización de estos compromisos.

Al Jaber destacó que la COP28 debe lograr un acuerdo que asegure el equilibrio entre las expectativas y la realidad, es decir, un acuerdo factible, progresista y coherente con la realidad.

A pesar de emitir solo alrededor del 2-3 por ciento de los gases de efecto invernadero, África ha sufrido enormemente los efectos del cambio climático. Según el Banco Europeo de Inversiones, el cambio climático afecta directamente la vida cotidiana del 88 por ciento de la población africana, con pérdidas causadas a menudo por graves sequías, aumento del nivel del mar, erosión costera, tormentas e inundaciones.

Apoyar la capacidad de África para combatir los efectos del cambio climático ha ganado protagonismo en los debates internacionales. Los expertos estiman que el continente necesitará más de 100 mil millones de dólares cada año hasta 2030 para avanzar en la reducción de las emisiones y la adaptación al cambio climático. Según el Banco Africano de Desarrollo, las contribuciones financieras de África en ese sentido solo aumentaron tres por ciento entre 2010 y 2019. (del 23 al 26 por ciento).

Mientras, las pérdidas a causa del cambio climático aumentan día a día. Según un estudio, el cambio climático provocará el deshielo de la mitad de los glaciares del mundo, sobre todo los pequeños, de aquí a finales de siglo. Desde el sur de Etiopía hasta el norte de Kenia y Somalia, unos 22 millones de personas padecen inseguridad alimentaria grave como resultado de la sequía más severa en cuarenta años en el Cuerno de África, un área muy vulnerable a la escasez de alimentos y a los fenómenos meteorológicos extremos.

Nadie asume la responsabilidad de tomar medidas justas para desactivar la "bomba de relojería" climática y proteger la Tierra y el futuro de la humanidad.

Los esfuerzos para compartir la carga financiera sobre el clima se vuelven más difíciles porque los países enfrentan una serie de desafíos interrelacionados, como precarias perspectivas de crecimiento económico, conflictos y epidemias. No obstante, nadie asume la responsabilidad de tomar medidas justas para desactivar la "bomba de relojería" climática y proteger la Tierra y el futuro de la humanidad.

VNA