El mandatario subrayó que el enfoque de esta estrategia es conseguir un crecimiento inclusivo que genere beneficios tangibles para la población, las pequeñas empresas y las regiones más allá de Seúl, la capital.
Lee afirmó que su Gobierno trabajará para impulsar un progreso integral en todos los ámbitos: política, economía, sociedad, cultura, diplomacia y seguridad nacional. En este sentido, defendió un modelo de desarrollo regional equilibrado y multipolar, en el que Seúl mantendría su papel como capital económica, la región central asumiría funciones administrativas y el sur se consolidaría como “capital marítima”.
Con el desarrollo regional equilibrado como constante, Lee declaró que el gobierno aumentará el apoyo presupuestario a las zonas fuera de la capital, afectadas por problemas estructurales como el envejecimiento y la disminución de la población, factores que han frenado su recuperación económica. Como parte de su plan general para estimular el crecimiento económico, el gobierno surcoreano aplicará medidas destinadas a impulsar el consumo en esas zonas. Lee insistió en que los frutos del crecimiento económico deben distribuirse de manera equitativa.
El jefe de Estado expresó su convicción de que 2026 marcará el inicio de una “gran transformación de Corea del Sur”. Uno de los objetivos clave del gobierno surcoreano es restablecer la tasa de crecimiento potencial de la economía. Afirmó que promoverá reformas estructurales en seis áreas clave: regulación, finanzas, sector público, pensiones, educación y mercado laboral. Según afirmó, una reforma estructural audaz es esencial para revertir la tendencia a la desaceleración del crecimiento.
En su ambicioso plan de reforma, Lee enfatizó que el sector público debe eliminar puestos innecesarios y garantizar que las reformas no se utilicen como excusa para marginar a los más vulnerables. También propuso reorganizar las funciones y crear mecanismos de evaluación para los organismos públicos, centrándose en la ciudadanía y en recuperar el papel del Estado como motor del desarrollo económico.
Además, advirtió que el modelo económico que impulsó el rápido crecimiento de Corea del Sur durante el siglo pasado se ha convertido en una “trampa del desarrollo”. La desigualdad y la creciente brecha obstaculizan el desarrollo. La concentración de recursos de capital, que antes fue una fortaleza, ahora está agudizando las contradicciones sociales y convirtiendo los antiguos motores de crecimiento en barreras estructurales. Al recordar los recientes éxitos en las negociaciones arancelarias con Estados Unidos y los grandes contratos de exportación de defensa y energía nuclear, argumentó que las grandes corporaciones están obteniendo demasiados beneficios en la actualidad.
En los ámbitos cultural y de seguridad, se comprometió a incrementar la inversión en el ecosistema cultural para que la “cultura K” no sea un fenómeno pasajero. Tras recalcar que la paz es un requisito previo para el crecimiento sostenible, reafirmó su voluntad de impulsar los esfuerzos para reducir las tensiones y restablecer la confianza entre las dos Coreas.
El Gobierno surcoreano aspira a conseguir un desarrollo más justo, en el que la prosperidad nacional vaya de la mano del bienestar de toda la ciudadanía. Un punto destacado del mensaje de Año Nuevo del presidente Lee Jae Myung es que la paz está estrechamente vinculada al crecimiento y que mantener un entorno estable creará las condiciones para transformar los desafíos en impulsores del desarrollo a largo plazo.