Una etapa desafiante para la economía británica

El gobierno del Reino Unido anunció recientemente la siguiente fase de su estrategia económica y subrayó que el objetivo es construir una economía más sólida y segura en un contexto internacional marcado por la inestabilidad.

En Londres (Foto: VNA)
En Londres (Foto: VNA)

A tenor con ello fueron identificados tres motores principales de crecimiento: reforzar las relaciones económicas con la Unión Europea (UE), impulsar la aplicación de la inteligencia artificial (IA) y promover un desarrollo equilibrado entre las distintas regiones del país.

La economía británica atraviesa un periodo de transformación profunda dirigida a dejar atrás el estancamiento de la década anterior y reafirmar su papel como potencia económica global. El país sigue siendo la sexta economía más grande del mundo y la segunda de Europa. Tras la recesión registrada a finales de 2023 y principios de 2024, presenta signos de recuperación más estables y mantiene su posición como uno de los principales centros financieros mundiales y como el tercer mayor ecosistema tecnológico del mundo.

Pese a estos avances, el Reino Unido sigue encarando problemas estructurales como la baja productividad laboral, la crisis del coste de la vida derivada del encarecimiento de bienes y energía, así como las consecuencias del Brexit, que continúa generando barreras comerciales y escasez de mano de obra en sectores como la construcción y los servicios.

La “embarcación” económica británica también enfrenta fuertes vientos en contra, tanto económicos como geopolíticos. El auge del proteccionismo y de las barreras arancelarias representa una amenaza directa para una economía abierta como la británica. Cualquier incremento de aranceles por parte de Estados Unidos hacia la UE podría reducir de forma significativa las exportaciones de bienes y servicios. Asimismo, las restricciones impuestas por China a la exportación de metales raros y semiconductores están perturbando sus cadenas de suministro de alta tecnología.

El Reino Unido sigue siendo importador neto de energía, por lo que es especialmente vulnerable a focos de tensión como el de Oriente Medio. Una escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán dispararía aún más los precios del petróleo y del gas, lo que complicaría la tarea del Banco de Inglaterra de mantener la inflación en el dos por ciento. Además, las interrupciones en las cadenas de suministro aumentan el precio de los fertilizantes y los insumos agrícolas, lo que presiona al alza el coste de los alimentos.

La nueva estrategia económica se vincula estrechamente con la agenda del Gobierno laborista encabezado por el primer ministro Keir Starmer, centrada en el concepto de “Securonomics”, que pone el acento en la estabilidad, la inversión y las reformas, y que otorga un papel activo al Estado para hacer frente a las perturbaciones globales. El objetivo clave es poner fin a la inestabilidad tras 14 años de gobiernos conservadores y convertir al país en la economía de mayor crecimiento del G7.

El Gobierno laborista prioriza la estabilidad como factor para atraer inversiones extranjeras. La ministra de Finanzas, Rachel Reeves, ha reafirmado su compromiso con las reglas fiscales para controlar la inflación y la deuda pública. También se ha definido una estrategia industrial moderna centrada en ocho sectores con alto potencial de crecimiento: la IA, la tecnología cuántica, la producción de vehículos eléctricos, la energía eólica, los servicios profesionales, las finanzas, la manufactura avanzada y las ciencias de la vida.

El Gobierno británico apuesta con fuerza por la IA, con un paquete presupuestario de 2,5 mil millones de libras destinado a convertir al país en un centro global en este ámbito, con la previsión de generar más de 100 mil empleos y atraer inversiones por cientos de miles de millones de libras en las próximas dos décadas.

Otro elemento destacado de la estrategia es la descentralización, mediante la transferencia de competencias fiscales a las autoridades locales. Los alcaldes regionales podrán retener parte de los ingresos del impuesto sobre la renta y sobre actividades empresariales para invertir directamente en infraestructuras locales. Además, se creará un Fondo de Inversión Urbana de 2,3 mil millones de libras y se duplicará la financiación del corredor de crecimiento Oxford-Cambridge hasta alcanzar los 800 millones de libras.

En cuanto a las relaciones con la UE, Londres avanza en un reajuste posbrexit bajo la estrategia de "reconstruir puentes" para acercarse al bloque. El Gobierno está dispuesto a alinear ciertas normativas con los estándares europeos en ámbitos que favorezcan el comercio con el fin de reducir las barreras a la exportación.

Según han señalado numerosos expertos, la estrategia de "Securonomics", basada en la estabilidad, el fortalecimiento de las capacidades internas y el refuerzo de las relaciones con socios cercanos, podría ayudar a la economía británica a superar los grandes desafíos actuales.

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