Según Shantanu Chakraborty, el Producto Interno Bruto (PIB) de Vietnam creció un 7,9 por ciento en los primeros nueve meses de 2025, frente al 6,8 por ciento del mismo período del año anterior, con una mejora continua trimestre tras trimestre. La inflación se mantuvo bajo control, en torno al 3,3 por ciento, mientras que el crecimiento del crédito se aceleró, alcanzando una estimación del 18-19 por ciento para el conjunto del año, por encima del objetivo fijado.
El comercio y la inversión siguieron desempeñando un papel motor, con exportaciones que ascendieron a 430 mil millones de dólares e importaciones por 410 mil millones de dólares hasta finales de noviembre, lo que permitió al país registrar un superávit comercial de 20,5 mil millones de dólares.
Los desembolsos de Inversión Extranjera Directa (IED) aumentaron un 8,9 por ciento en once meses, hasta alcanzar los 23,6 mil millones de dólares, mientras que la inversión interna se vio impulsada por una política fiscal expansiva a favor de la inversión pública y por la recuperación del mercado inmobiliario. El sector de los servicios también se benefició de políticas de visados más favorables.
Paralelamente a estos resultados positivos, el responsable del BAD subrayó que Vietnam enfrenta varios desafíos importantes, en particular los riesgos derivados de los desastres naturales y del cambio climático, cuyos daños se estiman en alrededor de cuatro mil millones de dólares, equivalentes a cerca del 0,8 % del PIB.
La fuerte dependencia del comercio internacional y de los flujos de inversión extranjera hace que la economía sea vulnerable a choques externos. Además, el rápido crecimiento del crédito ejerce presiones sobre la liquidez y los costos de financiación, mientras que el mercado bursátil, aunque reclasificado por la empresa FTSE como mercado emergente, sigue registrando salidas netas de capital extranjero.
En este contexto, Shantanu Chakraborty insistió en la necesidad de desarrollar aún más los mercados de capitales y reforzar las reservas de divisas para aumentar la resiliencia macroeconómica.
De cara a 2026, el BAD considera que Vietnam cuenta con tres grandes oportunidades. La primera radica en las reformas estructurales en curso, que pueden mejorar el clima empresarial y aumentar la productividad. La segunda se refiere al potencial de la transformación digital y al desarrollo de recursos humanos altamente cualificados, lo que abre el camino al crecimiento de los servicios digitales, la fintech, el comercio electrónico y la logística inteligente. La tercera oportunidad reside en la posibilidad de aprovechar la reubicación de las cadenas de suministro mundiales para atraer IED de mayor calidad, especialmente en los sectores de alta tecnología, la industria verde y las energías renovables.
No obstante, Shantanu Chakraborty advirtió que el país también deberá enfrentar la desaceleración de la economía mundial, las tensiones geopolíticas y los desafíos internos relacionados con las reformas estructurales, en particular en el desarrollo de infraestructuras verdes y del sector privado.
En cuanto al objetivo fijado por el Gobierno vietnamita de lograr un crecimiento anual medio del PIB del 10 por ciento durante el período 2026-2030, con vistas a alcanzar el estatus de país de ingresos altos en 2045, el director nacional del BAD estimó que estas ambiciones, aunque muy exigentes, constituyen una brújula para los esfuerzos de reforma del Gobierno.
A corto plazo, la inversión pública está llamada a desempeñar un papel impulsor, siempre que los proyectos sean cuidadosamente seleccionados y ejecutados de manera eficaz.
A largo plazo, la aceleración de las inversiones en infraestructuras de calidad, la mejora del clima empresarial, el fomento de la innovación y el fortalecimiento del capital humano se identifican como palancas decisivas para garantizar un crecimiento sostenible e inclusivo.