La Aldea de Cultura y Turismo de las Nacionalidades de Vietnam, en las afueras de Hanói, acoge los fines de semana a multitud de excursionistas. Además de presenciar artesanía en vivo, festividades o cantos folclóricos de las etnias, hacen escala en puestos gastronómicos para degustar una y otra vez las joyas gastronómicas originarias de las regiones montañosas, deltaicas y fluviales de todo el país. La experiencia se completa con fascinantes anécdotas sobre las costumbres, el saber popular y las prácticas culturales que hay detrás de cada plato.
El acervo culinario de Vietnam se compone de infinidad de recetas de sus 54 nacionalidades, muchas de las cuales figuran en clasificaciones internacionales. Por ello, varios destinos han optado por redefinir la gastronomía como un producto turístico en lugar de un mero servicio para los huéspedes. En este sentido, sobresale la ciudad central de Hue, donde el turismo gastronómico está en pleno auge gracias a la promoción cultural.
Según un informe del Servicio de Turismo de Hue, las llegadas turísticas en el primer semestre de 2026 ascendieron a cuatro millones 300 mil, 30 por ciento más que en igual etapa del año anterior. Los ingresos marcaron alrededor de 391 millones de dólares, un incremento interanual del 56,2 por ciento.
Junto al famoso Festival de Hue y otros eventos culturales, la antigua capital debe una parte cada vez mayor de su atractivo a las propuestas culinarias. Los viajeros desean explorar no solo sitios patrimoniales, sino también la gastronomía cortesana.
El encanto, como analizó Nguyen Thi Thu Phuong, directora del Instituto de Cultura, Artes, Deportes y Turismo de Vietnam, no reside en la cantidad de platos, que superan los tres mil, sino en la profundidad cultural que se esconde tras cada uno de ellos. Desde la selección de ingredientes y los métodos de preparación hasta el arte de la presentación y el protocolo de degustación, todo refleja la armonía, la sutileza y la moderación que definen la filosofía de vida de los ciudadanos de Hue.
Por lo tanto, cada plato local pasa de ser una delicia a convertirse en un portal hacia un espacio cultural completo: la comunidad de artesanos y el conjunto de conocimientos que lo han acompañado y traspasado de generación en generación. Esta es también una tendencia en alza en los lugares de visita del resto del planeta.
Según la Asociación Mundial de Turismo Culinario, alrededor del 81 por ciento de los viajeros desea conocer los sabores autóctonos y destina entre un 25 y un 35 por ciento de su presupuesto a la comida. Entretanto, a pesar de atesorar un admirable acervo gastronómico, Vietnam no lo ha explotado plenamente en el sector turístico. Muchas localidades se conforman con ofrecer los manjares sin transmitir a los comensales su contenido cultural e histórico ni las aldeas y comunidades vinculadas a ellos.
Los expertos señalan que, para potenciar esta ventaja competitiva, no solo importa la difusión, sino también la configuración de un ecosistema favorable para el turismo gastronómico que incluya políticas, productos, recursos humanos y estándares de servicio.
Nguyen Thi Hoa Mai, directora adjunta de la Autoridad de Turismo de Vietnam, anunció que esta entidad ha aconsejado al Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo que presente al Gobierno un proyecto de promoción internacional del turismo y la gastronomía para el período 2026-2030. El objetivo es convertirla en un elemento central de la marca turística nacional y fortalecer la competitividad del país frente a otros destinos de Asia y el mundo.
Se espera que el plan siente la base para unos vínculos más sólidos entre localidades, empresas y comunidades en el diseño de productos culinarios distintivos y afines a los gustos cada vez más diversos de los comensales foráneos, indicó la funcionaria.
Por su parte, Nguyen Thi Lan Huong, del Departamento de Investigación Turística del Instituto de Cultura, Artes, Deportes y Turismo, señaló que los destinos deben cambiar la mentalidad de “vender comida” a la de “cultivar experiencias de co-creación”, considerando el creciente afán por vivencias auténticas, personalizadas y ricas en identidad cultural.
En lugar de limitarse a consumir comida, los turistas aspiran a una inmersión completa que incluye explorar la zona de producción de ingredientes, visitar los mercados tradicionales y los pueblos artesanales, aprender a preparar los platos, conocer a los chefs y descubrir las connotaciones culturales de cada uno. Son estas experiencias las que hacen que la oferta sea más valiosa y contribuyen a preservar el patrimonio culinario, crear medios de vida y aumentar la competitividad del destino.
Bajo el prisma de la formación de personal y el desarrollo de productos, Le Thi Kim Phuong, rectora de la Escuela Vocacional de Economía y Turismo de Hoa Sua, advirtió que la falta de criterios relativos a la calidad de servicio dificulta el aprovechamiento de la riqueza gastronómica nacional.
Llamó a la pronta redacción de un conjunto de normas y procedimientos para las propuestas del turismo culinario, así como a la estandarización de las habilidades de servicio, presentación y realización de actividades vivenciales. También abogó por innovar en el trabajo de formación y permanecer atento a la demanda de las empresas y las tendencias del mercado internacional.
Otro factor decisivo es el reforzamiento de la colaboración entre las agencias reguladoras, las empresas, las instituciones de formación, los artesanos y las comunidades locales. Cuando cada uno de estos sujetos desempeñe efectivamente su rol en la cadena de valor, la gastronomía se consolidará como una fuente significativa de ingresos para la industria turística. Además, se contribuirá a preservar las artesanías vinculadas a ella, a salvaguardar el saber autóctono y a garantizar medios de vida a la población.
El turismo gastronómico ha trascendido los límites de la industria de los viajes y la restauración. Articula un puente entre la cultura, la agricultura, el comercio, la educación y la comunidad, creando cadenas de valor sostenibles. Cada plato, portador de historias sobre su tierra de procedencia, su gente y singularidades culturales, es otro factor crucial para potenciar la competitividad del sector turístico nacional.