Vietnam mantiene sólido crecimiento pese a desafíos globales

Vietnam se consolida como una de las economías de mayor dinamismo en Asia para los próximos años, solo por detrás de India, según S&P Global Ratings durante una reciente conferencia en Hanói.

Las exportaciones de prendas de vestir contribuyen de manera importante al crecimiento. (Foto: VNA)
Las exportaciones de prendas de vestir contribuyen de manera importante al crecimiento. (Foto: VNA)

La agencia prevé que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) vietnamita alcance un promedio cercano al 6,7 por ciento anual entre 2026 y 2028, impulsado principalmente por las exportaciones y la inversión en infraestructura, pese a los crecientes riesgos del entorno internacional.

Esta valoración se produce en un contexto marcado por desafíos globales interconectados, como las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, las disrupciones en las cadenas de suministro y el encarecimiento de la energía. Frente a ello, la capacidad de Vietnam para sostener un crecimiento firme refleja avances notables en sus fundamentos macroeconómicos y en su resiliencia económica.

En general, las instituciones financieras internacionales mantienen una visión positiva, aunque con estimaciones diversas. Cushman & Wakefield sitúa el crecimiento del PIB de Vietnam en torno al 6,3 por ciento en 2026, entre los más altos del Sudeste Asiático. Por su parte, UOB proyecta un escenario más optimista, con una expansión cercana al 7,5 por ciento, respaldada por la recuperación de la manufactura y las exportaciones, así como por los efectos de las medidas de estímulo aplicadas en 2025 y comienzos de 2026.

Un elemento común en estas proyecciones es el creciente protagonismo de la producción industrial y de las exportaciones de alta tecnología. Vietnam se beneficia de la reconfiguración de las cadenas globales de suministro, a medida que las multinacionales diversifican su producción. Este proceso ha acelerado la transición hacia una canasta exportadora de mayor valor añadido, especialmente en electrónica y equipos tecnológicos, fortaleciendo la competitividad del país.

Más allá del sector externo, los motores internos también ganan equilibrio. El sector servicios muestra una recuperación sostenida, en particular el turismo, el comercio minorista y los servicios financieros digitales, lo que refuerza el consumo interno. Esta dinámica resulta clave para reducir la dependencia de la demanda externa en un entorno de incertidumbre comercial.

Según HSBC, las ventajas de Vietnam van más allá de los costos competitivos e incluyen su profunda integración en las cadenas regionales, especialmente en semiconductores y electrónica. Consolidar su posición en las cadenas de valor globales y anticipar los riesgos comerciales será determinante para sostener el crecimiento a mediano plazo.

Otro aspecto relevante es la mejora progresiva en la calidad del crecimiento, cada vez más apoyado en la productividad, la innovación y actividades de mayor valor añadido. Esto se refleja en una estrategia más selectiva de atracción de inversión extranjera directa, enfocada en alta tecnología, energías limpias y manufactura inteligente, en lugar de sectores intensivos en mano de obra. De mantenerse esta tendencia, Vietnam podrá reducir gradualmente su dependencia de los bajos costos y reforzar su capacidad de resistencia ante choques externos.

Al mismo tiempo, el desarrollo de infraestructuras - especialmente en transporte, logística y energía - avanza con rapidez y se perfila como un pilar clave del crecimiento a medio y largo plazo. Una mayor conectividad, menores costos logísticos y sistemas energéticos más fiables no solo elevan la eficiencia empresarial, sino que también fortalecen la confianza de los inversores.

En un contexto de creciente competencia global por atraer capital, estas mejoras estructurales serán determinantes para sostener el atractivo de Vietnam como destino de inversión. Las perspectivas del país ya no dependen únicamente de factores tradicionales, sino cada vez más de bases estructurales sólidas, lo que respalda las evaluaciones positivas de organismos internacionales incluso en medio de la incertidumbre global.

No obstante, los expertos advierten que Vietnam no está exento de riesgos externos. Las prolongadas tensiones en Medio Oriente desde inicios de 2026, junto con posibles interrupciones en el Estrecho de Ormuz, han impulsado los precios del petróleo y los costos de transporte, generando presiones inflacionarias y sobre los costos de producción. El Banco Asiático de Desarrollo (BAD) advierte que, ante una eventual escalada, el crecimiento de las economías en desarrollo del Sudeste Asiático, incluido Vietnam, podría reducirse entre 0,6 y 2,3 puntos porcentuales.

En el ámbito interno, factores como la desaceleración demográfica, un leve aumento de las tasas de interés hacia finales de año y las tensiones en el mercado inmobiliario podrían moderar el consumo a corto plazo. Estos retos exigen políticas más flexibles, capaces de equilibrar el impulso al crecimiento con la estabilidad macroeconómica.

Aun así, diversas organizaciones internacionales destacan que Vietnam dispone de un amplio margen de maniobra en política económica. El Gobierno continúa perfeccionando el marco institucional hacia un modelo más orientado al desarrollo, acelerando la inversión pública para atraer capital privado y promoviendo nuevos motores como la transformación digital, la innovación y la economía verde. Una coordinación ágil entre políticas fiscales y monetarias será clave para preservar la estabilidad en un entorno volátil. Mantener la inflación bajo control, asegurar la estabilidad cambiaria y canalizar el crédito hacia sectores productivos contribuirá a reforzar la confianza del mercado y de los inversores.

A largo plazo, Vietnam atraviesa una etapa decisiva en su transición hacia un modelo de crecimiento más sostenible. De una economía basada en mano de obra de bajo costo, avanza gradualmente hacia eslabones superiores de la cadena de valor global mediante la tecnología, la innovación y el desarrollo del capital humano. Si logra capitalizar las oportunidades actuales, el país podrá convertir los desafíos de corto plazo en impulso para un crecimiento más resiliente y sostenible en los próximos años.

VNA
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