Desde la perspectiva particular de quien presenció directamente la guerra de Vietnam, el periodista Luis Manuel Arce dedicó buena parte de su artículo a recordar los años en que trabajó como corresponsal de guerra del diario cubano Granma.
El autor señaló que tuvo el honor de conocer al Presidente Ho Chi Minh, entrevistó en varias ocasiones al General Vo Nguyen Giap, recorrió Vietnam de Norte a Sur y fue testigo de momentos trascendentales de la lucha pasada por la liberación y reunificación nacional.
Según recordó el autor, sus encuentros y experiencias en Vietnam dejaron una profunda huella en su trayectoria periodística. Durante los años de guerra, tuvo intercambios directos con el General Vo Nguyen Giap, siguió el desarrollo del conflicto desde distintos escenarios y tuvo la oportunidad de presenciar el desfile de la victoria.
Asimismo, relató que fue el único periodista extranjero autorizado a entrar en la Embajada de Estados Unidos, que permanecía intacta después de la salida del embajador estadounidense Graham Martin de Vietnam, antes de asistir a una ceremonia celebrada en el Palacio Presidencial con motivo de la decisión de cambiar oficialmente el nombre de Saigón-Gia Dinh por Ciudad Ho Chi Minh.
A partir de los recuerdos de quien fue testigo directo de Vietnam durante los años de guerra, Luis Manuel Arce consideró que lo que más impresionaba no era únicamente la victoria del pueblo vietnamita en la lucha pasada por la independencia y la reunificación nacional, sino también su extraordinaria capacidad de recuperación y desarrollo durante el período de paz.
El autor recordó las palabras pronunciadas por el Presidente Ho Chi Minh en su llamamiento del 17 de julio de 1966, cuando afirmó que, después de la victoria, el pueblo vietnamita “reconstruiría nuestro país de manera más digna y hermosa”.
Según el artículo, el desarrollo alcanzado por Vietnam durante las últimas décadas había permitido hacer realidad esa aspiración de una manera que superaba con creces las expectativas iniciales.
La expresión “10 veces más hermoso”, utilizada en el título, constituía una forma de enfatizar la magnitud de la transformación experimentada por el país.
El artículo prestó especial atención al proceso de Doi Moi (Renovación), considerado un punto de inflexión que había abierto una nueva etapa en el desarrollo de Vietnam.
Según el autor, la aplicación de profundas reformas económicas con un enfoque práctico había permitido al país aprovechar gradualmente sus recursos, impulsar la producción, ampliar el comercio, atraer inversiones y fortalecer la integración internacional.
Estos logros resultaban especialmente significativos si se tenía en cuenta que Vietnam había entrado en el período de paz después de varias décadas de guerra, con enormes pérdidas humanas y materiales.
De un país devastado por la guerra, Vietnam no solo había logrado completar la reunificación y la reconstrucción nacional, sino que también había ido creando nuevas bases para su desarrollo socioeconómico.
Luis Manuel Arce consideró que otra de las fortalezas de Vietnam radicaba en su capacidad para combinar los objetivos de desarrollo nacional con el mantenimiento de su orientación socialista.
El autor valoró que la política de Doi Moi hubiera generado un modelo de desarrollo de carácter práctico, que había contribuido a convertir a Vietnam en una de las economías más dinámicas de la región.
Al hacer referencia a la lucha pasada por la liberación nacional, destacó asimismo el papel del Presidente Ho Chi Minh y del General Vo Nguyen Giap en la formulación de una estrategia basada en la fuerza de todo el pueblo.
En particular, subrayó la movilización de todos los recursos para la causa de la liberación nacional, así como la capacidad de organizar y unir a diferentes sectores sociales en una lucha que se había prolongado durante varias décadas.
Los recuerdos de Vietnam en tiempos de guerra aparecieron contrapuestos en el artículo a la imagen de un país que había experimentado una profunda transformación.
A juicio del autor, este contraste permitía apreciar la magnitud de los logros alcanzados por Vietnam: de territorios que alguna vez habían sufrido intensos bombardeos a ciudades en pleno desarrollo, y de una economía devastada por la guerra a un país con un grado de integración internacional cada vez mayor.
El artículo también abordó los objetivos de desarrollo a largo plazo de Vietnam, señalando que para 2030 el país aspiraba a convertirse en una nación en desarrollo con una industria moderna y un nivel de ingreso medio alto, y para 2045, en un país desarrollado, de altos ingresos, próspero y feliz.
También señaló que estas metas daban continuidad al proceso de desarrollo construido durante varias décadas.
Desde la perspectiva de un periodista que había vivido de cerca los años de guerra, Luis Manuel Arce destacó que la transformación de Vietnam reflejaba la vitalidad de la nación: durante la guerra, la prioridad había sido conquistar la independencia y reunificar el país, mientras que en la nueva etapa el objetivo era construir una nación desarrollada, próspera y feliz.
Al concluir su artículo, el autor expresó su convicción de que los logros alcanzados por Vietnam habían superado con creces las aspiraciones expresadas por el Presidente Ho Chi Minh durante los años de guerra.
A su juicio, el llamado a reconstruir el país “de manera más digna y hermosa” se había convertido en un proceso real que se había prolongado a través de varias generaciones, dando lugar a un Vietnam con una fisonomía completamente diferente de la que había conocido durante los años de guerra.