De la independencia a la grandeza: un Vietnam firme en la era moderna

Si las generaciones pasadas conquistaron con valentía el derecho a decidir el rumbo de la nación, a la actual le corresponde consolidar las fuerzas endógenas para que el país sea verdaderamente dueño de su propio futuro. El Día Nacional, el 2 de septiembre, es una ocasión propicia para que los vietnamitas vuelvan la mirada sobre el arduo camino recorrido y, a partir de esa experiencia, iluminen el camino hacia el futuro.

Estudiantes de la Universidad Nacional de Vietnam en Hanói durante una clase de inteligencia artificial.
Estudiantes de la Universidad Nacional de Vietnam en Hanói durante una clase de inteligencia artificial.

El 2 de septiembre de 1945, al proclamar la Declaración de Independencia que fundó la República Democrática de Vietnam, el presidente Ho Chi Minh enunció una verdad imperecedera: “Vietnam tiene el derecho a disfrutar de la libertad y la independencia y de hecho se ha convertido en un país libre e independiente”.

Más de ocho décadas después, este sagrado derecho es una plataforma sólida para catapultar a la nación hacia un nuevo horizonte: pasar de salvaguardar la soberanía nacional a potenciar las capacidades que impulsen un desarrollo acelerado; de luchar por superar la pobreza a aspirar a convertirse en un país desarrollado, de altos ingresos y poderoso para 2045.

Tras sufrir guerras, embargos y pobreza, el proceso de Doi Moi (Renovación), marcó hace cuatro décadas un punto de inflexión histórico. La economía nacional ha superado los 500 mil millones de dólares, la red de relaciones exteriores se ha ampliado y diversificado y el país se ha integrado con fuerza en las cadenas de valor globales. Sin embargo, la verdadera trascendencia del Doi Moi va más allá del repunte del PIB o del volumen comercial.

Detrás de esas cifras late una transformación profunda en la vida del pueblo vietnamita: de la preocupación por la subsistencia básica de alimento y abrigo a la aspiración de una vida digna, una educación de calidad y una sociedad justa y civilizada. Si en sus inicios el Doi Moi sirvió de catalizador para el despegue de Vietnam, el desafío crucial hoy en día consiste en robustecer los cimientos estructurales para resistir con firmeza las turbulencias de la época.

De la liberación de las fuerzas productivas al desarrollo del potencial creativo

En 1986, las reformas del Doi Moi liberaron las fuerzas productivas, que hasta entonces habían estado sofocadas por los mecanismos burocráticos y los subsidios. Sin embargo, al entrar en el siglo XXI, ventajas como la mano de obra barata, la explotación de los recursos naturales y el uso de la tierra para atraer inversión extranjera están tocando techo. Las ventajas del pasado no se convierten automáticamente en fortalezas para el futuro.

De ahí que el segundo Doi Moi deba suponer una revolución total en la calidad de la economía. Si la etapa anterior se centró en liberar las fuerzas productivas, la actual debe orientarse al desarrollo de las capacidades creativas basadas en el conocimiento. Los nuevos motores del crecimiento no pueden basarse en el uso intensivo de los recursos, sino que deben sustentarse en la ciencia y la tecnología, los datos digitales, la inteligencia artificial, la industria de los semiconductores y la transición ecológica.

Un país no puede permanecer indefinidamente en los eslabones inferiores de la cadena de valor global como un simple centro de procesamiento y ensamblaje. La atracción de inversión extranjera exige una transformación profunda: competir sobre la base de instituciones eficientes, recursos humanos altamente cualificados, una infraestructura logística moderna y un ecosistema de innovación, en lugar de recurrir a la reducción de costes a expensas de la calidad.

Un marco institucional constructivo como principal ventaja competitiva

Si la ciencia y la tecnología son motores del desarrollo, el marco normativo constituye la plataforma y el entorno que permiten aprovechar plenamente su potencial. Las empresas no pueden desarrollarse si se enfrentan a procedimientos administrativos engorrosos, regulaciones superpuestas o al temor a cometer errores y asumir responsabilidades dentro del aparato de gestión.

Un científico no puede llevar una invención del laboratorio al mercado si el proceso está plagado de trabas burocráticas. La reforma institucional no solo consiste en simplificar el organigrama, sino también en liberar todos los recursos de la sociedad, reducir los costes y fomentar el espíritu emprendedor y la innovación.

Un Estado facilitador y eficiente no busca reemplazar al mercado ni a la sociedad, sino ofrecer un marco seguro y transparente que potencie el desarrollo de ciudadanos y empresas. . La eficacia de la reforma institucional debe medirse a partir de preguntas concretas: ¿pueden las empresas reducir sus costes?, ¿son las decisiones políticas más rápidas, precisas y transparentes?, ¿reciben los ciudadanos servicios públicos realmente mejores?

Empresas nacionales: pilar de una economía autosuficiente

Una nación no puede construir una economía independiente y autosuficiente sin un sector empresarial sólido.

La madurez del sector privado no puede depender únicamente de incentivos a corto plazo, sino que requiere un entorno empresarial transparente y estable que proteja los derechos de propiedad y permita a las empresas invertir con confianza en investigación y desarrollo a largo plazo.

El objetivo estratégico es formar corporaciones y empresas vietnamitas con capacidades de gestión reconocidas internacionalmente, dominio de tecnologías clave, marcas sólidas y capacidad para competir en igualdad de condiciones en el mercado internacional. La autosuficiencia económica comienza con el dominio de la tecnología y el fortalecimiento de las cadenas de suministro nacionales.

Flexibilidad en la diplomacia

En un mundo multipolar, volátil e interdependiente, el desafío de la política exterior no consiste en tomar partido, sino en defender con firmeza los intereses nacionales sobre la base del derecho internacional.

Las experiencias de los países cercanos a las grandes potencias demuestran que los pequeños o medianos no puede cambiar su posición geográfica, pero sí ampliar su espacio estratégico mediante la multilateralización y diversificación proactivas de sus socios comerciales, tecnológicos y de las cadenas de suministro.

Mantener relaciones estables y equilibradas con las grandes potencias, como Estados Unidos y China, y al mismo tiempo profundizar la cooperación con la Asean, Japón, Corea del Sur, Europa, la India y otros socios constituye la mejor vía para reducir los riesgos de dependencia.

Esta es la esencia de la filosofía vietnamita del bambú en el terreno de la diplomacia: raíces firmes, tronco sólido y ramas flexibles. Flexible y adaptable en su estrategia, pero inconmoviblemente firme en los principios de independencia, soberanía e integridad territorial. Y la raíz más profunda que permite al bambú mantenerse firme ante cualquier tormenta geopolítica es la fortaleza económica y la unidad de todo el pueblo.

La voluntad del pueblo y la protección de las fronteras desde las escuelas

En última instancia, la fortaleza de una nación no se mide por el esplendor de sus rascacielos ni por frías estadísticas, sino por la calidad de vida y las oportunidades de desarrollo que ofrece a cada persona.

Una nación es su gente. Un niño pobre de una zona remota que tiene acceso a una educación de calidad; una familia que logra salir de la pobreza de manera sostenible; un joven dotado de competencias digitales para abrirse al mundo... todos ellos son piezas que conforman la capacidad nacional.

Desde esta perspectiva, las escuelas bien equipadas construidas en zonas fronterizas e insulares tienen un significado que trasciende las propias obras públicas. Son proyectos que reflejan la voluntad del pueblo y contribuyen a consolidar la soberanía nacional. Un niño de una minoría étnica que recibe una educación integral, adquiere conocimientos y habilidades y mantiene la confianza en el futuro se convierte en un símbolo vivo de la firmeza de las fronteras nacionales.

La mejor manera de proteger las fronteras es garantizar el bienestar de la población y promover el desarrollo de las comunidades. Consagrar recursos a la educación de las jóvenes generaciones es una inversión fundamental cuyos beneficios a largo plazo son decisivos para el futuro del país.

Seguridad ecológica y resiliencia

Además de desarrollar el capital humano, una nación que aspire a mantenerse firme a largo plazo debe garantizar su seguridad ecológica ante los cambios impredecibles de la naturaleza. El cambio climático, el aumento del nivel del mar, las sequías, la erosión y la intrusión salina ya no son amenazas lejanas, sino realidades que se hacen sentir cada día y ponen en riesgo los logros económicos acumulados durante décadas.

El desarrollo sostenible exige un cambio de paradigma: pasar de la explotación intensiva de los recursos a una gestión circular y la conservación de la naturaleza; de una mentalidad de “lucha contra la naturaleza” a una filosofía de “armonía con la naturaleza”, basada en una adaptación inteligente y una convivencia proactiva con los riesgos. Desarrollar una economía verde y avanzar hacia las energías limpias no es un simple compromiso internacional, sino también un imperativo para garantizar la seguridad hídrica, la seguridad alimentaria y un entorno de vida seguro para las futuras generaciones.

Visión 2045: Las acciones de hoy dan forma al futuro

Los veinte años que faltan para el 2045 no son mucho tiempo. La aspiración de convertir a Vietnam en un país desarrollado y poderoso no puede quedarse en una mera declaración o resolución, sino que debe materializarse mediante acciones concretas y una implementación rigurosa, día tras día, hora tras hora.

El mayor desafío actual no es la falta de objetivos claros, sino la velocidad con que somos capaces de traducirlos en resultados. El objetivo de lograr un crecimiento de dos dígitos no admite lentitud en la toma de decisiones. La aspiración de alcanzar la vanguardia de la alta tecnología no puede coexistir con un sistema educativo lento para innovar.

Cada política que elimina obstáculos, cada empresa que supera dificultades para expandirse en los mercados internacionales, cada laboratorio que convierte sus investigaciones en productos de utilidad práctica, cada escuela en las zonas montañosas que abre el camino al conocimiento... todos ellos son pilares que contribuyen a construir el futuro de 2045.

Conclusión

En el otoño de 1945, el pueblo vietnamita se alzó para conquistar su derecho a la independencia y la libertad. Hoy, en el umbral de una nueva era, la misión histórica que tiene ante sí Vietnam es transformar ese derecho a la independencia en una poderosa fuerza nacional y construir un país próspero, civilizado y feliz.

Ante los impredecibles cambios de los tiempos, Vietnam no puede decidir hacia dónde soplan los vientos, pero sí determinar la profundidad de sus raíces y la firmeza de sus velas. Con un marco institucional abierto y constructivo, una economía con un sólido potencial de autosuficiencia, la fuerza interna de la gran unidad nacional y la inteligencia de su pueblo, Vietnam cuenta con todas las condiciones para avanzar hacia el futuro con sus propias fuerzas. Ese es precisamente el camino inevitable: de la independencia a la autosuficiencia, de la autosuficiencia a la fortaleza.

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