Sin embargo, la brecha entre la investigación y la comercialización en Vietnam sigue siendo significativa, lo que exige seguir perfeccionando el mecanismo de manera más flexible, vinculando el intercambio de beneficios y la aceptación de riesgos.
Las nuevas directrices y políticas, como la Resolución No. 57-NQ/TW del Buró Político, junto con las disposiciones de la Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación 2025, la Ley de Propiedad Intelectual (enmendada) y la Ley de Transferencia de Tecnología (enmendada), muestran una tendencia de pasar de un enfoque de gestión a uno de explotación.
En este marco, los derechos de propiedad y de explotación de los resultados de investigación se otorgan en mayor medida a las organizaciones líderes, al tiempo que se fomenta la participación del sector empresarial.
Los datos reflejan cambios positivos en el ecosistema de propiedad intelectual en Vietnam. En 2025, las solicitudes de patentes presentadas por individuos y organizaciones nacionales alcanzaron 2.288, un incremento del 36 por ciento respecto al año anterior. Las concesiones de protección ascendieron a mil 108, aumentando un 134,2 por ciento, superando ampliamente el objetivo de crecimiento promedio anual de 16–18 por ciento.
Se estima que el 8,56 por ciento de las patentes tiene potencial de comercialización, acercándose al objetivo de 8–10 por ciento establecido en la Resolución 57, lo que indica un amplio margen de desarrollo.
Según Phan Tien Dung, jefe del Departamento de Aplicación e Implementación tecnológica, para reducir la brecha entre investigación y mercado, el mecanismo de propiedad intelectual debe perfeccionarse incentivando la comercialización, la copropiedad y la explotación flexible, en lugar de limitarse a un enfoque puramente administrativo.
Las empresas deben participar desde las etapas iniciales de investigación y desarrollo, compartiendo beneficios y responsabilidades sobre los activos intelectuales generados a partir de tareas de tecnologías estratégicas.
La transferencia de tecnología también debe diseñarse bajo dos enfoques principales. Para tecnologías maduras con mercados claros, la transferencia debe realizarse bajo mecanismos de mercado, garantizando la recuperación del valor y la eficiencia en el uso del presupuesto.
Por el contrario, para tecnologías nuevas, fundamentales o destinadas a objetivos de desarrollo a largo plazo, se deben aplicar mecanismos flexibles como transferencias con condiciones preferenciales, aportes de capital en tecnología o vinculadas a compromisos de inversión, generando así efectos multiplicadores y desarrollo sostenible.
Universidades e institutos de investigación, generadores de conocimiento y tecnología, enfrentan una mayor exigencia para llevar sus resultados al mercado.
Por ello, es necesario permitir pilotos de modelos de negocio sobre activos intelectuales públicos y eliminar barreras administrativas que dificulten el flujo de conocimiento. Un aspecto a destacar es la valoración de la contribución empresarial en colaboraciones público-privadas, aún carente de directrices claras, que debe perfeccionarse pronto para favorecer modelos de cooperación efectivos.
Asimismo, el Estado debe seguir desempeñando un papel de compartición de riesgos en la comercialización de tecnologías estratégicas mediante instrumentos como fondos de coinversión, apoyo a pruebas piloto, garantías tecnológicas y mecanismos de aceptación de riesgos controlados, especialmente en las fases iniciales.
La evaluación de resultados de investigación también debe orientarse más hacia la calidad, la capacidad de dominar la tecnología, la difusión y el impacto económico y social, en lugar de centrarse únicamente en indicadores cuantitativos.
Además, la iniciativa estatal de encargar y utilizar productos de innovación contribuirá a crear un “mercado semilla”, facilitando que las empresas perfeccionen tecnologías y amplíen su comercialización.