La Agencia Nacional de Gestión de Desastres de Indonesia (BNPB) informó que, hasta el momento, los equipos de emergencia solo han logrado controlar alrededor del 30 por ciento del incendio.
El director de Coordinación de Operaciones de Emergencia de la BNPB, el mayor general Djohan Darmawan, explicó que las labores de extinción se ven dificultadas por los fuertes vientos y la compleja topografía del vertedero.
Numerosos focos permanecen activos en el interior de montículos de residuos de entre 20 y 30 metros de altura, mientras que la gran cantidad de materiales inflamables enterrados mantiene las llamas latentes.
La BNPB ha desplegado dos helicópteros para apoyar las tareas de extinción y ha movilizado a decenas de bomberos que trabajan de forma ininterrumpida.
También se están utilizando excavadoras para remover los montículos de basura y facilitar el acceso a los focos más profundos.
Las autoridades estudian la posibilidad de recurrir a la siembra de nubes para provocar lluvias artificiales cuando las condiciones meteorológicas lo permitan.
La densa columna de humo generada por el incendio ha afectado gravemente a las zonas residenciales cercanas.
El Ministerio de Medio Ambiente de Indonesia advirtió que la concentración de partículas finas PM2.5 en el área ha superado los niveles considerados peligrosos, además de detectarse contaminantes como óxidos de azufre (SOx) y óxidos de nitrógeno (NOx), generados por la combustión de plásticos y otros residuos.
Las autoridades sanitarias locales informaron de 154 casos de infecciones respiratorias agudas, principalmente entre niños y mujeres embarazadas.
El espeso humo obligó además a evacuar 33 familias a alojamientos temporales. El sector sanitario ha habilitado cuatro puestos médicos móviles y desplegado a decenas de profesionales para supervisar el estado de salud de la población afectada.
Según las primeras investigaciones, el incendio habría sido provocado por la combinación de las altas temperaturas persistentes y el gas metano generado por la descomposición de los residuos. Los fuertes vientos favorecieron posteriormente la rápida propagación de las llamas, dificultando las labores para controlar el siniestro.