Uno de los momentos más emotivos de la operación fue captado por la televisión venezolana, que mostró a María Elena, madre de Camila, una adolescente de 16 años desaparecida desde el sismo, aferrándose entre lágrimas a la mano del mayor general Pham Van Ty, jefe de la delegación vietnamita. Antes del derrumbe, la joven alcanzó a realizar una breve llamada telefónica a su madre, tras la cual se perdió toda comunicación.
Con el apoyo de equipos especializados de detección y perros de búsqueda, efectivos del Cuerpo de Ingenieros del Ejército Popular de Vietnam, la Policía de Prevención y Lucha contra Incendios y el Cuerpo de Guardias Fronterizos lograron localizar el lugar donde se encontraba la víctima. Para acceder al punto señalado, los rescatistas se introdujeron por estrechas grietas entre bloques de hormigón inestables, expuestos al riesgo permanente de nuevos derrumbes.
La localización definitiva se produjo después de que un perro de rescate marcara una profunda fisura. Una cámara de inspección confirmó entonces la presencia de una camiseta azul, coincidente con la que Camila vestía el día del terremoto. A partir de ese momento, los rescatistas recuperaron el cuerpo de la joven de forma completamente manual, retirando cuidadosamente ladrillos y fragmentos de concreto para preservar su integridad.
Al recuperar el cuerpo de su hija, María Elena rompió en llanto y pudo despedirse de ella por última vez. Después, se arrodilló frente a los rescatistas vietnamitas y, entre sollozos, repitió una y otra vez: "¡Gracias, Vietnam!", en un gesto de profundo agradecimiento por haber permitido a su familia poner fin a una angustiosa espera.