En una entrevista con corresponsales de la Agencia Vietnamita de Noticias (VNA) en Washington sobre la agricultura de alta tecnología de Estados Unidos y experiencias para Vietnam, el experto señaló que el país norteamericano mantiene una posición de liderazgo en biotecnología agrícola gracias a su capacidad de investigación, amplias bases de datos biológicos, mecanismos regulatorios y capacidad de comercialización.
La integración de datos sobre las características y la genética de los cultivos con IA y herramientas de automatización permite reducir el tiempo necesario para identificar genes relacionados con el rendimiento, la calidad y la resistencia de las plantas.
A juicio de Quach Truyen, Vietnam debería priorizar el uso de Big Data, IA y bioinformática para estudiar sus recursos genéticos e identificar con mayor rapidez genes de valor económico. Esta estrategia resulta especialmente adecuada para un país con una rica diversidad vegetal, incluidas numerosas especies autóctonas, medicinales y variedades resistentes a condiciones adversas.
También destacó las oportunidades que ofrece la edición genética de precisión, como CRISPR, cuyos costos están disminuyendo.
Laboratorios, universidades y pequeñas y medianas empresas pueden desarrollar gradualmente estas capacidades para mejorar características como la tolerancia a la sequía y la salinidad, la resistencia a enfermedades y la calidad de los productos agrícolas.
La combinación de nuevas tecnologías con recursos genéticos autóctonos permitiría a Vietnam desarrollar productos con un alto valor de propiedad intelectual, en lugar de limitarse a seguir variedades comunes desarrolladas por grandes potencias agrícolas.
Uno de los principales desafíos, según el experto, es la distancia entre el laboratorio y el mercado. Un producto que ofrece buenos resultados en investigación no necesariamente resulta adecuado para la producción a gran escala si sus costos son elevados, el proceso es complejo o su aplicación práctica presenta dificultades.
Por ello, científicos y empresas deberían participar conjuntamente desde las primeras etapas, definiendo las necesidades del mercado y las posibilidades de producción, en lugar de esperar hasta el final de la investigación para buscar su aplicación comercial.
Entre las experiencias de Estados Unidos, destacó la cooperación entre universidades, empresas y agricultores. Los servicios de extensión agrícola de las universidades públicas trasladan los resultados de investigación al campo y, al mismo tiempo, transmiten a los científicos los problemas detectados en la práctica. Las empresas orientan el mercado, invierten y organizan la producción, mientras las universidades pueden transferir o conceder licencias para explotar tecnologías, variedades y activos de propiedad intelectual.
Vietnam podría perfeccionar este modelo reforzando los mecanismos para que las empresas inviertan en investigación y desarrollo, mejorando la transferencia y gestión de la propiedad intelectual y digitalizando el sistema de extensión agrícola para conectar mejor los datos de campo con los institutos de investigación y las empresas.
Quach Truyen consideró que Vietnam no necesita competir directamente con Estados Unidos y otras grandes potencias en cultivos de gran escala como maíz, trigo o soja. En cambio, debería concentrarse en ámbitos donde posee ventajas propias, como sus recursos genéticos autóctonos, los cultivos tropicales de alto valor y la capacidad de adaptación a diversas condiciones climáticas.
Vietnam podría utilizar Big Data para identificar recursos genéticos valiosos por su calidad, propiedades medicinales o resistencia y aplicar posteriormente técnicas genéticas de nueva generación para mejorar de forma precisa las características deseadas.
Con el desarrollo de la edición genética y la reducción de sus costos, los laboratorios y empresas nacionales tendrán mayores posibilidades de desarrollar tecnologías propias, en lugar de limitarse a recibir tecnologías del exterior.