La estacionalidad sigue siendo uno de los principales desafíos del turismo vietnamita. En muchas localidades, el verano registra una gran afluencia, mientras que la llegada de los meses lluviosos provoca una caída significativa del número de visitantes. Ante esta situación, los destinos buscan reorganizar su oferta para reducir la dependencia de las condiciones meteorológicas.
La provincia norteña de Quang Ninh es uno de los ejemplos destacados. Además de sus atractivos marítimos y patrimoniales, desarrolla el turismo cultural y espiritual, el entretenimiento, la economía nocturna y el turismo de bienestar. También aprovecha sus paisajes montañosos, festivales y nuevos espacios de experiencias. Los espectáculos gratuitos de fuegos artificiales y fuentes danzantes organizados semanalmente contribuyen a atraer visitantes, prolongar su estancia y generar un flujo turístico más estable durante el año.
En Da Nang, donde la temporada baja se concentra entre septiembre y diciembre, la ciudad ha pasado progresivamente de un modelo centrado en el “turismo de playa” a otro basado en el turismo urbano, de bienestar, entretenimiento y cultura, creando nuevas razones para visitar la ciudad incluso cuando el clima no favorece las actividades marítimas.
La antigua ciudad imperial de Hue, por su parte, ha convertido la lluvia, tradicionalmente asociada a la identidad cultural y emocional de la antigua capital imperial, en un elemento diferenciador. Las visitas al patrimonio, la música de corte, la gastronomía, los cafés y los museos pueden ofrecer experiencias particulares durante los días lluviosos. En 2026, la ciudad continúa organizando festivales a lo largo de las cuatro estaciones para ampliar la oferta cultural.
En Hanói, las autoridades de la capital impulsan el turismo durante todo el año mediante el desarrollo del turismo nocturno, cultural y de descanso en las zonas suburbanas. Nuevos destinos, como Muong Cac, la aldea de Mien y la Aldea Cultural y Turística de las Etnias de Vietnam, contribuyen a diversificar la oferta.
Según Nguyen Tien Dat, vicepresidente de la Asociación de Turismo de Hanói, “convertir las desventajas en ventajas” no significa llevar turistas a zonas de riesgo, sino modificar la estructura de los productos. Un día de lluvia ligera puede dedicarse a museos, patrimonio, gastronomía, bienestar, arte o aldeas de oficios tradicionales; un viaje a la costa puede transformarse en un recorrido urbano y una excursión por la naturaleza puede sustituirse por actividades culturales comunitarias.
La temporada baja ofrece ventajas en precios, espacios menos concurridos y mayores posibilidades de organizar experiencias más profundas, señaló.
El vicepresidente de la Asociación de Turismo de Vietnam, Phung Quang Thang, subrayó que las experiencias durante la temporada de lluvias deben contar con una preparación rigurosa en materia de pronósticos, alertas, prevención y rescate. Los turistas deben consultar las condiciones meteorológicas y modificar sus itinerarios cuando existan advertencias de peligro, optando por actividades culturales y destinos interiores.
Nguyen Cong Hoan, director general de Flamingo Redtours, destacó la necesidad de disponer de sistemas de actualización de alertas y planes alternativos. Los guías deben estar informados y preparados para gestionar situaciones imprevistas, sin llevar a los grupos a zonas de riesgo por presión comercial.
En un contexto de cambio climático y creciente imprevisibilidad meteorológica, la capacidad de adaptación se perfila como un nuevo factor de competitividad. Convertir la temporada de lluvias en una temporada de experiencias puede ayudar a reducir la estacionalidad y aprovechar mejor los recursos turísticos, siempre que vaya acompañado de una preparación adecuada y estrictas medidas de seguridad.