La resolución subraya la urgencia de fortalecer la coordinación entre la familia, la escuela y la sociedad para moldear la personalidad de las nuevas generaciones hacia el año 2045. En este marco, el ser humano se define como el centro, el sujeto y el motor principal del desarrollo nacional, con un énfasis especial en la juventud, que debe liderar la transición hacia una era de innovación, transformación digital y sostenibilidad bajo la bandera de vanguardia del Partido.
Esta directiva vincula de manera orgánica la Resolución 80 con la Estrategia de Desarrollo de la Juventud de Vietnam 2021-2030, estableciendo que los jóvenes son el recurso humano fundamental para la construcción y defensa de la Patria. El objetivo es forjar una generación que no solo posea conocimientos técnicos de vanguardia, sino que también esté imbuida de un profundo patriotismo, ética revolucionaria y un fuerte sentido de orgullo nacional. Se busca un desarrollo integral que abarque cuatro dimensiones esenciales: ética, inteligencia, salud física y estética, orientando las actividades educativas y científicas hacia la búsqueda de los valores de la verdad, la bondad y la belleza.
Expertos como Nguyen Tuan Anh, que trabaja en la Corporación General de Industria de Saigón y anteriormente se desempeñó como presidente de la Asociación de Jóvenes y Estudiantes Vietnamitas en California (Estados Unidos), destacan que la formación de los jóvenes ya no es un asunto individual, sino que está directamente ligada a la resiliencia económica y social del país. La transición hacia una economía verde y digital exige ciudadanos con una base cultural sólida para enfrentar los desafíos de la integración internacional.
Según académicos de la Universidad de Ciencias Sociales y Humanas de Ciudad Ho Chi Minh, una generación joven verdaderamente firme no se mide solo por sus habilidades técnicas, sino por su capacidad para mantener una “resistencia cultural” ante las influencias negativas de un mundo globalizado y altamente tecnificado.
La resolución otorga una importancia capital a la creación de un entorno cultural saludable que trascienda los espacios físicos y se extienda al entorno digital. En una era donde las redes sociales y la Inteligencia Artificial (IA) presentan tanto oportunidades como riesgos de manipulación y desinformación, el documento oficial estipula que la educación ética debe ser la prioridad absoluta en todos los niveles educativos, comenzando desde la educación preescolar.
Profesionales de la educación y líderes juveniles coinciden en que la educación moral no debe ser una materia teórica secundaria, sino el fundamento que permita a los estudiantes desarrollar un pensamiento crítico para discernir entre contenidos constructivos e información tóxica en el ciberespacio.
El “vivir con rectitud” en la era digital se define como la capacidad de los jóvenes para actuar con responsabilidad y decencia en sus interacciones en línea. Esto implica verificar la información antes de compartirla, debatir con argumentos racionales en lugar de impulsos emocionales y mantener la integridad personal frente a las distorsiones de la vida virtual.