En la cita participaron el miembro permanente del Secretariado, Tran Cam Tu; el jefe de la Comisión de Asuntos Internos del CC, Le Minh Tri; el jefe de la Comisión de Políticas y Estrategias, Nguyen Thanh Nghi; el jefe de la Oficina del CC, Pham Gia Tuc; el ministro de Agricultura y Medio Ambiente, Tran Duc Thang; el presidente del Consejo Teórico Central, Nguyen Xuan Thang; el viceprimer ministro Nguyen Chi Dung; y el vicepresidente de la Asamblea Nacional Le Minh Hoan, junto a representantes de distintos ministerios y organismos.
Según el informe presentado, el borrador de la Resolución ya avanza con la coordinación entre ministerios y autoridades locales, la construcción de escenarios de crecimiento y la identificación de proyectos prioritarios. La meta es clara: superar el 10% anual en el período 2026-2030 y mantener un ritmo elevado y sostenible hasta 2045. Para ello, se han celebrado consultas con expertos nacionales e internacionales y se han analizado experiencias comparadas.
El documento propone un viraje estructural del modelo económico, situando a la ciencia, la tecnología, la innovación y la transformación digital como motores centrales. La prioridad será elevar la productividad, la calidad y la competitividad, impulsando sectores como la economía digital, la economía verde, la economía circular y la economía de datos.
En esta arquitectura, la economía estatal desempeñará un papel rector, el sector privado será el principal motor y el mercado interno -junto con las exportaciones- actuará como doble pilar del crecimiento. El modelo se apoyará en un Estado facilitador del desarrollo moderno, con integración internacional profunda y coherente con las transiciones digital, energética y ecológica, así como con la mejora del capital humano.
En su intervención, el secretario general To Lam subrayó que la Resolución debe concebirse con una perspectiva histórica y convertirse en un verdadero “diseño maestro” para sostener un crecimiento de dos dígitos hasta 2045.
Se trata, afirmó, de una decisión estratégica destinada a materializar las aspiraciones de desarrollo nacional, pero que debe garantizar estabilidad, calidad, inclusión, sostenibilidad ambiental y autonomía, sin sacrificar la estabilidad macroeconómica ni el progreso social.
Insistió en la necesidad de definir una hoja de ruta coherente con las leyes objetivas de la economía, en la que cada etapa siente las bases de la siguiente para asegurar un crecimiento sostenido a largo plazo. La Resolución, añadió, debe servir de guía común para todo el sistema político y asegurar una implementación coherente y eficaz.
El nuevo modelo de crecimiento implica una transformación estructural profunda, es decir, un cambio en el “motor” de la economía y no simples ajustes de política. Esta transición requiere coherencia desde el nivel central hasta el local y del sector público al privado, pasando de una mentalidad de gestión a una de facilitación del desarrollo, con el propósito de construir una economía moderna, productiva y competitiva a escala global.
Asimismo, destacó que el crecimiento debe traducirse en mejoras tangibles en la vida de la población: mayores ingresos, más empleo, reducción de la pobreza y de las desigualdades, así como protección ambiental y desarrollo cultural y social.
En cuanto a los recursos necesarios para alcanzar el objetivo, se pidió precisar las fuentes de financiación -incluidos el ahorro interno, la inversión extranjera directa y el mercado de capitales-, establecer umbrales de seguridad macroeconómica y garantizar una asignación eficiente, transparente y responsable de los recursos.
El dirigente también subrayó la importancia de una gestión proactiva de riesgos, con mayor capacidad de previsión y flexibilidad en la conducción económica para controlar la inflación, la deuda pública y los riesgos financieros y monetarios, así como para responder a las fluctuaciones geopolíticas y comerciales globales.
El crecimiento acelerado, señaló, debe ir acompañado de protección ambiental, seguridad social, reducción de disparidades regionales y fortalecimiento de la confianza ciudadana, en estrecha coordinación con la defensa, la seguridad y la política exterior.
En este contexto, hizo hincapié en la disciplina en la ejecución, la responsabilidad de los líderes y la gestión orientada a resultados, superando la inercia y la evasión de responsabilidades para transformar la voluntad política en resultados concretos.
Para materializar estos objetivos, instó a promover un cambio profundo en la mentalidad de desarrollo, considerando el crecimiento de dos dígitos como una tarea política central y estratégica. La ciencia, la tecnología y la innovación deben situarse en el núcleo del modelo; la reforma institucional ha de ser sustancial, convirtiendo el marco normativo en una ventaja competitiva; y es imprescindible consolidar un sistema político íntegro y eficiente.
Reiteró que el crecimiento no puede lograrse a costa de inflación descontrolada, burbujas de activos o endeudamiento público excesivo, por lo que las políticas fiscal y monetaria deben coordinarse estrechamente.
Asimismo, planteó redefinir la industrialización hacia tecnologías avanzadas y producción inteligente; fortalecer el mercado interno de más de 100 millones de habitantes como pilar del crecimiento; equilibrar la estructura económica entre sector estatal, privado y capital extranjero en condiciones de competencia equitativa; reorganizar el espacio de desarrollo mediante una vinculación regional efectiva y potenciar polos de crecimiento, centros financieros y de innovación, así como la economía marítima y digital.
Finalmente, subrayó que la integración internacional debe ser proactiva y selectiva, vinculada al fortalecimiento de las capacidades internas y a la mejora de la posición de las empresas vietnamitas en las cadenas globales de valor, sentando así bases sólidas para un desarrollo sostenible y de largo plazo.