Las cifras figuran en un informe titulado “La temporada de incendios de 2026 y la neblina transfronteriza en Malasia”, encargado por la Federación de Fabricantes de Malasia (FMM) para evaluar de manera integral los efectos de esta crisis en las actividades empresariales e industriales, informó el diario Malay Mail.
El estudio combinó datos satelitales, sistemas de vigilancia de la calidad del aire, modelos atmosféricos y encuestas a empresas miembros de la FMM. El informe advirtió que los resultados no son representativos de todo el sector manufacturero, ya que la mayoría de las respuestas procedieron de Selangor y Penang, mientras que solo dos correspondieron a Sarawak. De las 86 instalaciones industriales encuestadas, más de dos tercios señalaron haberse visto afectadas de distintas maneras, y el 26 por ciento sufrió interrupciones moderadas o graves.
Entre las 59 instalaciones que notificaron repercusiones en sus operaciones, los problemas relacionados con la mano de obra fueron los más frecuentes. Alrededor del 81 por ciento registró un aumento de las bajas por enfermedad o del absentismo por motivos de salud, mientras que el 63 por ciento tuvo dificultades para disponer de personal debido al cierre de escuelas. Otro 14 por ciento sufrió escasez de trabajadores que afectó a los turnos, la producción o los plazos de entrega.
Estos problemas repercutieron en la productividad: el 37 por ciento de las instalaciones informó de una reducción de la producción y el 27 por ciento tuvo que suspender al menos una actividad.
En cuanto a la salud pública, el informe estimó que la exposición prolongada a la neblina contribuyó a unas mil 700 muertes prematuras, de las cuales aproximadamente mil 600 estuvieron relacionadas con el humo de incendios ocurridos fuera de Malasia. El documento subrayó que se trata de una estimación estadística a escala poblacional, y no de un recuento de fallecimientos confirmados individualmente.
El presidente de la FMM, Jacob Lee Chor Kok, afirmó que la neblina debe reconocerse como una amenaza directa para la salud pública, la productividad laboral, la sostenibilidad económica y la competitividad regional.
A medida que las industrias manufactureras están cada vez más interconectadas a través de las cadenas de suministro mundiales, el dirigente destacó que prevenir la neblina no es solo una responsabilidad medioambiental, sino también una inversión esencial en la resiliencia económica y el desarrollo sostenible para las futuras generaciones.