Conservación y promoción de culturas étnicas en medio de la transformación digital

La transformación digital ofrece a las comunidades de minorías étnicas la oportunidad de proyectar sus valores culturales más allá de los límites tradicionales de sus aldeas. Sin embargo, también plantea retos en lo que respecta a sus derechos de propiedad y riesgos de comercialización excesiva del patrimonio.

Un festival callejero en la antigua capital de Hoa Lu, en la norteña provincia de Ninh Binh. (Foto: Nhan Dan)
Un festival callejero en la antigua capital de Hoa Lu, en la norteña provincia de Ninh Binh. (Foto: Nhan Dan)

Conforme a las pautas de transformación digital del Partido Comunista y el Estado, las tecnologías deben utilizarse para mantener vivas las culturas étnicas, asegurar el relevo generacional y permitir que cada ciudadano o comunidad sea el verdadero creador y beneficiario de los valores culturales.

La cultura de una etnia no se limita a las salas de los museos; vive en el habla, la escritura, los cantos y danzas folclóricos, los rituales, los oficios artesanales, las artes escénicas, los hábitos laborales, la gastronomía y el saber que se han transmitido de generación en generación. El destino de este acervo inmaterial reside, antes que todo, en la mano de las comunidades que lo practican.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ha enfatizado que salvaguardar la herencia viva no significa “congelarla” en un estado inmutable, sino garantizar los conocimientos y habilidades, y transferirlos y recrearlos en la vida comunitaria.

La transformación digital pavimenta la expansión del espacio de sobrevivencia de las culturas étnicas. Una melodía folclórica o una artesanía tradicional solo conocida dentro de una pequeña comunidad, ahora puede difundirse ampliamente entre estudiantes, investigadores, turistas y otros estratos.

Durante el proceso de digitalización también se han creado métodos de enseñanza diferentes de los antiguamente aplicados por artesanos y patriarcas de aldeas. Vídeos cortos, bibliotecas digitales, mapas culturales, museos digitales, aplicaciones móviles al servicio del aprendizaje de idiomas de grupos minoritarios y las tecnologías de realidad virtual, vienen facilitando un acceso multitudinario a las culturas étnicas.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ha enfatizado que salvaguardar la herencia viva no significa “congelarla” en un estado inmutable, sino garantizar los conocimientos y habilidades, y transferirlos y recrearlos en la vida comunitaria.

La auténtica presentación del patrimonio en el entorno digital promete medios de vida a las comunidades, tales como la venta de artículos artesanales y especialidades agrícolas. Ello los motivará a seguir practicando y creando valores culturales.

Sin embargo, la digitalización del legado cultural de las etnias no está exenta de fallos, incluido el riesgo de aislar las tradiciones de sus protagonistas. Cuando un ritual, un canto folclórico u otro producto se sube al ciberespacio sin el respaldo de la comunidad creadora, quedaría expuesto a distorsiones y usos indebidos.

Bajo el impacto de las plataformas digitales, los contenidos más propensos a los efectos visuales y fáciles de vender o demostrar suelen llamar la atención del público, eclipsando aquellos de mayor calado pero baja comerciabilidad. Esta realidad es sumamente dañina porque a largo plazo podría deformar los valores originales del patrimonio.

Particularmente, el auge de la inteligencia artificial (IA) hace cada más complicada la cuestión de derechos sobre los datos culturales. La explotación irresponsable por parte de un sector de la población sujeto podría perjudicar las culturas mismas.

El Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo está habilitando una plataforma nacional de gestión de bases de datos sobre las herencias culturales. Pero las culturas étnicas requieren una infraestructura propia y métodos de gestión especializados considerando sus características. Expertos también recomiendan empoderar a sus actores en la digitalización de las mismas.

En consecuencia, cada proyecto debe contar con la participación de artesanos, patriarcas y otras personas de prestigio en las aldeas, tanto en la selección, el registro y la interpretación, como en la decisión sobre a qué contenido se permite el acceso público o se almacena internamente.

Asimismo, resulta indispensable diseñar mecanismos de protección para los derechos de autor y los beneficios derivados de los datos culturales étnicos. Las normativas deben identificar a quienes tengan derecho a disfrutarlos y establecer cómo se benefician los actores, incluidos los artesanos y la comunidad en general, del uso de esos valores con fines comerciales.

Es fundamental que las instituciones correspondientes presten mayor atención a la formación digital de la juventud de las comunidades étnicas. Al ser la generación heredera, tienen en sus manos la tarea principal de producir y difundir contenidos digitales que mantengan vivas sus tradiciones.

La capacitación de jóvenes locales en la filmación, la grabación, la narración en espacios virtuales, el almacenamiento de datos y el uso responsable de la IA, coadyuva a armar una fuerza para la labor de conservación y desarrollo cultural, con vistas a que el patrimonio cultural se convierta en un recurso de avance económico y en un dinamizador del crecimiento nacional.

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