Para 2030, el sector aspira a contribuir directamente entre el 10-12 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), recibir entre 45 millones y 50 millones de visitantes internacionales y 160 millones de turistas nacionales, priorizando a los viajeros de alto gasto y larga estancia, con unos ingresos totales de entre 80 mil y 90 mil millones de dólares.
Más adelante, para 2045, Vietnam aspira a situarse entre los 30 países con mayor competitividad turística del mundo.
El punto de inflexión de la Resolución 26 radica en el cambio de enfoque sobre la organización del espacio de crecimiento, pasando de inversiones aisladas en infraestructuras al desarrollo integral de infraestructuras y de un ecosistema turístico con competitividad internacional.
En concreto, la estrategia se centra en desarrollar tres grandes polos de crecimiento: Hanói, Ciudad Ho Chi Minh y la ciudad de Da Nang; establecer 10 centros turísticos clave y 20 zonas turísticas nacionales, y convertir gradualmente Phu Quoc en un nuevo polo de crecimiento.
Las puertas de entrada internacionales estarán conectadas directamente con los centros turísticos mediante una red de transporte multimodal que incluirá aviación, autopistas, ferrocarriles y puertos marítimos.
En este modelo, los polos de crecimiento desempeñarán el papel de locomotoras que lideren el desarrollo turístico regional, con una clara división de funciones.
Hanoi asumirá el papel de centro turístico del norte, profundizando en los ámbitos del patrimonio, la cultura, la gastronomía y las industrias creativas, y conectando los flujos de visitantes con las provincias de Quang Ninh y Ninh Binh, junto con la ciudad de Hai Phong y las zonas montañosas del norte.
Ciudad Ho Chi Minh aprovechará sus fortalezas como centro económico del sur, con un ecosistema de comercio, gastronomía, entretenimiento, MICE (reuniones, incentivos, conferencias y exposiciones) y economía nocturna para distribuir los flujos de visitantes hacia el Sudeste, el delta del Mekong y las zonas marítimas e insulares.
La ciudad de Da Nang consolidará su posición como centro turístico de la región central, especializado en turismo de playa, MICE y eventos, situado entre los espacios patrimoniales de Hue y Hoi An, mientras que Phu Quoc se perfila como un nuevo polo de crecimiento especializado en turismo marítimo e insular de alta gama y eventos internacionales.
El doctor Chung Le Khang, docente de la carrera de Estudios Vietnamitas y Turismo de la Universidad de Pedagogía de Ciudad Ho Chi Minh, subrayó que lo más destacado radica en el cambio de enfoque sobre el desarrollo turístico. En lugar de que cada localidad establezca por separado sus propios objetivos de aumentar el número de visitantes y los ingresos y desarrolle productos de manera aislada, Vietnam se orienta hacia la formación de varios centros suficientemente fuertes para liderar el mercado y generar impulso para toda la región.
Un polo de crecimiento no tiene por qué ser necesariamente el lugar con más recursos turísticos o mayor número de visitantes. Lo más importante es su capacidad de conexión, concentración de servicios, atracción de inversiones, creación de productos y distribución de los flujos turísticos.
El experto subrayó que, además del número de visitantes y los ingresos, un polo de crecimiento debe evaluarse en función de la duración de las estancias, el nivel de gasto, la tasa de retorno de los visitantes y, especialmente, su capacidad para extender las oportunidades de negocio y los flujos turísticos hacia otras localidades.
Mientras tanto, el profesor asociado y doctor Nguyen Duc Thang, vicerrector y jefe del Departamento de Turismo de la Universidad de Tecnología Dong A, consideró que la identificación de tres polos de crecimiento y la orientación para convertir Phu Quoc en un nuevo polo constituyen una dirección acertada.
La esencia de un polo de crecimiento no consiste en atraer a la totalidad o a la mayor parte de los turistas. Estos polos deben desempeñar un papel tanto en amplitud como en profundidad; es decir, deben tener capacidad para posicionar una marca a escala internacional y, al mismo tiempo, apoyar el sistema de destinos satélite de su entorno.
Un polo de crecimiento debe ser a la vez un “imán” que atraiga visitantes y un punto de distribución de los flujos turísticos para toda la región.