Durante la cita, coordinada por la Cámara de Comercio Estadounidense en la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), se analizaron diversos factores condicionantes del crecimiento de la nación indochina.
En opinión del ministro de Ciencia y Tecnología de Vietnam, Vu Hai Quan, el futuro del país no radica tanto en el tamaño de la población y los recursos, sino en la capacidad de crear conocimientos, dominar las tecnologías y convertirlas en productividad, competitividad y prosperidad ciudadana.
El ministro delineó tres cambios estratégicos para posicionar mejor a Vietnam en la cadena de valor global: transitar de la mera asimilación tecnológica al dominio de sectores de vanguardia como la inteligencia artificial, los semiconductores, los materiales emergentes y las energías limpias; basar el crecimiento en la innovación impulsada por el intelecto y el talento, en lugar de en la explotación de los recursos, y crear ventajas relacionadas con la tecnología, en lugar de con los bajos costes.
Al reconocer el papel de la tecnología como remodeladora del crecimiento vietnamita, el viceministro de Relaciones Exteriores, Dang Hoang Giang, señaló que esta, junto con la ciencia y la innovación, aún no conforma el principal motor del proceso debido a las limitadas inversiones en investigación y desarrollo, la escasez de recursos humanos cualificados y el modesto dominio de tecnologías centrales.
Llamó a traducir los lineamientos, en particular la Resolución 57-NQ/TW del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Vietnam sobre avances en el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la transformación digital, en productos y servicios útiles para aumentar la competitividad.
Otro de los temas tratados en el diálogo fue la trampa de la subcontratación en Vietnam, es decir, los riesgos que conlleva la dependencia de la captación de fondos extranjeros en lugar de recursos humanos capaces de crear productos.
Según un informe presentado en la ocasión por representantes de la OCDE, el sector nacional de inversión extranjera directa (IED) representa apenas el tres por ciento del total de empresas, pero genera más de una cuarta parte de los puestos de trabajo y casi un tercio de la producción económica.
De ello se desprende una asimetría entre el volumen de capital foráneo captado y el valor realmente retenido en el país, ya que la mayoría de las empresas de IED se dedican al ensamblaje en lugar de apostar por la investigación y el desarrollo de productos propios.
Sin embargo, los delegados observaron señales alentadoras sobre las crecientes capacidades de las empresas vietnamitas, como el reciente permiso para exportar a Estados Unidos vehículos aéreos no tripulados de fabricación nacional con fines comerciales y de defensa, y la inclusión de varios estudios vietnamitas entre los principales desarrolladores de videojuegos del mundo.
Celebraron que la cartera electrónica MoMo llegue ya a más de medio millón de hogares y microempresas, que más del 40 por ciento de la IED esté destinado a la alta tecnología, y que se haya disparado el número de empresas tecnológicas gracias a la toma de iniciativa en el campo de inteligencia artificial.
Resolución 57-NQ/TW del Buró Político del Comité Central del PCV sobre avances en el desarrollo de la ciencia, la tecnología, la innovación y la transformación digital nacional
Asimismo, valoraron los compromisos explícitos delineados por Hanói en la 26ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y en la Resolución 55-NQ/TW, del 11 de febrero de 2020, del Buró Político del Comité Central del Partido, sobre la estrategia nacional de energías hasta 2030, con visión a 2045.
Al mismo tiempo, llamaron a perfeccionar el marco jurídico del país para desembolsar miles de millones de dólares solidarios del sector privado y de fuentes internacionales.
Durante las conversaciones se puso de realce al Estado como facilitador de crecimiento. Vietnam ha actualizado más de 100 leyes, incluidas unas 30 relativas a finanzas, a fin de agilizar el gasto presupuestario en ciencia y tecnología.
Además, el país exime a los científicos de la obligación de reembolsar los fondos asignados para sus proyectos de investigación que fracasan por razones ajenas a su control y permite a las empresas privadas beneficiarse de incentivos fiscales de hasta el cien por cien sobre su propia inversión en investigación y desarrollo.
Sobre esta base, se propusieron realizar ajustes para dar más flexibilidad a la gestión y respaldar a los inversores comprometidos con la investigación, la transición a la tecnología verde y la formación de trabajadores.
También se instó a separar la promoción de inversiones de la función reguladora del Estado, a fomentar la participación de inversores extranjeros en consejos técnicos nacionales, a desarrollar un equipo de intérpretes para el campo tecnológico y a fomentar que las universidades ofrezcan a las empresas sus capacidades de investigación.