Este planteamiento refleja un nuevo avance en la percepción estratégica, ya que aclara de fondo la posición y el papel de la cultura en la causa del desarrollo rápido y sostenible del país.
A lo largo del proceso revolucionario vietnamita, especialmente desde la implementación de la Renovación (Doi moi), el Partido ha afirmado de manera constante que la cultura es la base espiritual de la sociedad y, a la vez, un objetivo y una fuerza motriz del desarrollo. Sin embargo, en algunos momentos y lugares la cultura solo se ha considerado como un ámbito de significado espiritual, obviando su capacidad para impulsar el crecimiento económico y la competitividad. El hecho de que el XIV Congreso del Partido la defina claramente como un recurso y un motor del desarrollo refleja un cambio de mentalidad fundamental, ya que la sitúa en el centro de la estrategia de crecimiento sostenible.
Para Vietnam, como para muchos otros países, la cultura es un activo invaluable, forjado y enriquecido a lo largo de la historia. Se trata de un capital humano compuesto por sistemas de valores, conocimientos, competencias, ética y estilos de vida; un tesoro de patrimonio cultural material e inmaterial; una rica creatividad artística, y la imagen, el prestigio y la identidad de la nación. Identificar correctamente estos valores y aprovecharlos puede transformarlos en una fuerza material que contribuya directamente al desarrollo socioeconómico.
La realidad demuestra que, al percatarse del potencial del turismo cultural, las industrias creativas, los contenidos digitales, el cine, la música, el diseño, la moda y la gastronomía, muchas localidades han comenzado a considerar el patrimonio cultural, las festividades tradicionales y los espacios culturales singulares como activos para el desarrollo, combinando la preservación de valores tradicionales con la creación de medios de vida sostenibles para las comunidades.
El recurso cultural se manifiesta de forma más clara en el ser humano. En un contexto de intensa transformación digital, profunda integración internacional y competencia global cada vez más feroz, la ventaja decisiva ya no radica en los recursos naturales ni en la mano de obra barata, sino en la calidad de los recursos humanos, el espíritu creativo, la disciplina, la responsabilidad y la capacidad de adaptación flexible. Estas cualidades no pueden desarrollarse sin una base cultural sana, progresista y humanista.
Además de definir la cultura como un recurso, el XIV Congreso subrayó que también es un motor de desarrollo. Este enfoque reafirma el papel activo y orientador de la cultura en el proceso de desarrollo. A través de los sistemas de valores y normas sociales, la cultura genera una poderosa motivación espiritual tanto para cada individuo como para la comunidad.
El patriotismo, la voluntad de autosuperación, el espíritu de solidaridad, el humanismo y la aspiración al progreso son fuerzas endógenas que han ayudado al pueblo vietnamita a superar numerosas pruebas históricas y que siguen siendo un importante apoyo espiritual en el contexto actual.
La cultura, en su papel de motor, también se manifiesta en su capacidad para orientar el desarrollo. Una cultura que promueva la integridad, el respeto a los derechos de autor, la creatividad y la dedicación contribuirá a impulsar la reforma institucional, a mejorar la eficacia de la gobernanza nacional y a construir un entorno de desarrollo sano y transparente.
Por el contrario, si se subestima la cultura y se permanece indiferente ante las desviaciones de valores, incluso un crecimiento económico rápido sería difícilmente sostenible. Por ello, situar la cultura como motor del desarrollo equivale a optar por un enfoque de desarrollo integral y armónico, en el que el ser humano es el centro.
Armonizar los conceptos de “recurso” y “motor” evidencia el avance del pensamiento del Partido sobre el desarrollo cultural, que considera a la cultura un pilar del desarrollo, estrechamente vinculado a la economía y la política, y que permite activar de manera proactiva los recursos sociales y potenciar el papel de la ciudadanía, las empresas y los colectivos creativos.
Sin embargo, este pensamiento solo cobra sentido cuando se concreta en mecanismos y políticas sincronizadas, así como en acciones drásticas en la práctica. Por ello, es necesario renovar con energía los métodos de liderazgo, gestión e inversión en cultura, crear un entorno favorable para que la cultura impregne todos los ámbitos de la vida y desarrollar la economía en estrecha relación con la preservación y promoción de los valores culturales nacionales.
Junto con la Resolución Nº 80-NQ/TW sobre el desarrollo de la cultura vietnamita, recientemente promulgada, el énfasis del XIV Congreso del Partido en aclarar el papel de la cultura como recurso y motor del crecimiento refleja una visión de largo plazo y una profunda confianza en la fuerza de la cultura y del ser humano vietnamita. Esta constituye una base fundamental para despertar la aspiración de desarrollo, potenciar las fuerzas endógenas y conducir al país con paso firme hacia una nueva era.