Como un país pequeño y sin recursos energéticos naturales, Singapur ha construido una estrategia de seguridad energética proactiva, inteligente y sostenible. Este enfoque cobra aún más relevancia en medio de las fuertes turbulencias internacionales, en particular el conflicto en Oriente Medio que se ha prolongado durante casi un mes, indicó.
Según el académico, uno de los rasgos más destacados es que el país siempre se prepara para distintos escenarios de crisis, lo que le permite desplegar rápidamente soluciones previamente diseñadas.
En un contexto de altos precios de la energía debido a conflictos y disrupciones en el suministro, las medidas a corto y mediano plazo aplicadas por Singapur se centran en tres direcciones principales. En primer lugar, el apoyo a los grupos vulnerables mediante subsidios, sin intervenir en los precios del mercado. En segundo lugar, la reducción de la presión del costo de vida para la población, especialmente para los de bajos ingresos. En tercer lugar, el aprovechamiento de la crisis como impulso para promover políticas verdes y el ahorro energético.
Esas políticas se implementan de manera coordinada con la participación del Estado, las empresas y la ciudadanía, reiteró, y señaló que el Gobierno fomenta el uso de electrodomésticos eficientes, como aires acondicionados y refrigeradores, con reducciones del consumo de entre el 10 y el 15 por ciento.
Al mismo tiempo, dijo, las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, reciben un apoyo financiero significativo para aplicar soluciones de eficiencia energética, lo que mejora la productividad y reduce costos a largo plazo.
A futuro, según Minh Khuong, la base que permite a Singapur mantener una alta resiliencia es su estrategia de diversificación de fuentes de energía. El país no depende de una sola fuente, sino que amplía sus importaciones desde múltiples socios como Estados Unidos, Australia y países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), al tiempo que invierte intensamente en energías renovables e integra estas en su sistema eléctrico nacional.
Otro factor clave es el desarrollo de infraestructuras de almacenamiento y mecanismos de apoyo para que las empresas aumenten su capacidad de reservas energéticas. La aplicación de tecnologías digitales en la gestión de productos estratégicos también mejora la capacidad de coordinación y respuesta ante fluctuaciones.
A partir de esa práctica, el profesor Vu Minh Khuong resumió el enfoque en el principio de las “3 S”. Primero, “Survival” (supervivencia) implica considerar la seguridad energética como una cuestión vital que requiere preparación anticipada. En segundo lugar, “Strategy” (estrategia) se entiende como la construcción de planes a largo plazo, flexibles y adaptables. Y en tercer lugar, “Synergy” (sinergia) supone la articulación eficaz entre el Estado, las empresas y la sociedad.
Con base en ese principio de gobernanza, el profesor sugirió que Vietnam podría aplicar políticas similares a las de Singapur, como atraer grandes inversiones de empresas energéticas en zonas como Nghi Son, Vung Tau o Hai Phong. Según él, la participación de grandes corporaciones internacionales en el sector no solo impulsa el crecimiento económico, sino que también fortalece la seguridad energética y la competitividad nacional.
Asimismo, es necesario acelerar la diversificación del suministro, tanto en combustibles tradicionales como en energías renovables. Vietnam cuenta con grandes ventajas en energía hidroeléctrica y renovable, por lo que se requieren incentivos adecuados para desarrollar proyectos verdes, con miras a alcanzar la neutralidad de carbono para 2050. Paralelamente, promover la eficiencia energética mediante auditorías en empresas y edificaciones contribuirá a reducir el despilfarro y optimizar recursos.
En un mundo cada vez más incierto, el enfoque de las “3 S” de Singapur no solo le ha permitido superar desafíos, sino que también ofrece importantes lecciones para que Vietnam refuerce su resiliencia y garantice una seguridad energética sostenible.