[Foto] Visitar pagoda Thay a comienzos del Año Lunar: retorno a la región cultural al oeste de la antigua capital vietnamita

Cada vez que llega el Año Nuevo Lunar vietnamita (Tet), la gente acude en masa a la montaña de Sai Son, en las afueras de Hanói, para celebrar el inicio de la primavera, mostrar reverencia al Buda y disfrutar de la vigorosa identidad de la tierra Doai, la famosa región cultural al oeste de la antigua ciudadela imperial de Thang Long.

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Existente desde la época del rey Ly Nhan Tong (1066-1128), la pagoda Thay, cuyo nombre culto es Thien Phuc Tu, está a unos 20 kilómetros del corazón de Hanói. Es conocida por su estrecha vinculación con la vida y obra del maestro zen Tu Dao Hanh (1072-1116), quien desempeñó un papel primordial en la difusión del budismo vajrayāna y la formación de un espacio cultural inspirado en esa vertiente en la región.
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Según numerosas investigaciones, en sus primeros días (alrededor de 1107 y 1108) la pagoda Thay fue una choza donde se homenajeaba a Buda. Desde que Tu Dao Hanh se estableciera allí hasta el siglo XVII, el sitio fue ganando fama y expandiéndose.
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Se trata de una descollante obra de la arquitectura budista en el complejo escénico que rodea Sai Son, compuesto de 16 cimas de monte y un sistema de templos y cuevas de los tiempos remotos. Gracias a su privilegiada ubicación y fisonomía, la pagoda Thay fue considerada en su día el paisaje más hermoso del país.
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A este recinto se le conoce como Am Huong Hai, en referencia al santuario donde Tu Dao Hanh llevaba una vida religiosa; Bo De Vien, un monasterio a los pies de la montaña donde el maestro zen impartía sermones; Phat Tich, que hace referencia a la leyenda según la cual Buda dejó huellas durante su estancia en el mundo terrenal; o Thien Phuc Tu, que significa “templo de las bendiciones divinas”. El nombre que más se utiliza, “Pagoda Thay” (Pagoda del Maestro), refleja el respeto de los pobladores hacia el prestigioso monje y sus lazos entrañables.
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Las áreas frontales de la pagoda se reservan para la veneración del Buda, y las traseras, el culto a los santos. Esto evidencia una convergencia de las creencias folclóricas y el budismo en la vida espiritual de los vietnamitas.
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Nhat Tien Kieu y Nguyet Tien Kieu, los puentes curvados que conectan la pagoda y otras obras en el complejo montañoso, no solo hacen más imponente al paisaje, sino también simbolizan la armonía entre el sol y la luna (“nhat” y “nguyet”), o el yin y el yang.
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Aunque ha sido objeto de numerosas reparaciones desde los tiempos de las dinastías Ly y Tran hasta el siglo XIX, la pagoda conserva gran parte de su arquitectura original, que combina la doctrina del feng shui con el arte de la escultura, las decoraciones y el esoterismo del budismo vajrayāna. Cabe destacar el aprovechamiento de los paisajes alrededores como montañas y ríos para engalanar el recinto, protagonizado por la figura del dragón en la arquitectura tradicional.
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En el seno del lago Long Tri hay un “thủy đình”, o escenario de marionetas de agua. Según la leyenda, Tu Dao Hanh también enseñó este arte a los lugareños.
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Los templos Ha, Trung y Thuong de la pagoda están apoyados contra la montaña y dan a ríos. El templo Thuong, principal espacio de reverencia del maestro Tu Dao Hanh, es un destino frecuentado por los peregrinos.
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Por estos primeros días del Año Lunar del Caballo a la pagoda Thay concurren muchas familias para celebrar la llegada de la primavera, orar por la paz y admirar la magnificencia del paisaje.
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Desde el pie de la montaña, el visitante puede optar por escalar hasta la cueva de Cac Co y descubrir los mitos que la rodean, o continuar hasta los templos, desde donde también se contemplan vistas panorámicas de las zonas semimontañosas.
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El festival de la pagoda Thay se celebra del 5 al 7 de marzo según el calendario lunar. Frente a la creciente afluencia turística, las autoridades locales y la Junta Administrativa del enclave han reforzado el mantenimiento del orden, la prevención de incendios y la limpieza para garantizar una óptima experiencia al visitante.
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Visitar la pagoda Thay al inicio del Año Lunar no solo es una romería para orar por la paz ante la imagen del Buda, sino que también permite a los peregrinos redescubrir parte de las raíces culturales de su nación y escapar del bullicio de la vida moderna. En el abrazo de la naturaleza, los valores históricos, arquitectónicos y espirituales del milenario templo se conservan esmeradamente de generación en generación.
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La pagoda parece un testigo silencioso del paso del tiempo frente a la velocidad de la vida actual. Un recorrido por ella al inicio del año lunar mostrará al visitante una curiosa armonía entre el entorno natural y el ser humano.
Fotografía: VOV
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