En una entrevista concedida a la Agencia Vietnamita de Noticias (VNA), Ofer Fohrer, jefe de la División de Promoción de Inversiones y Exportaciones del Departamento de Comercio Exterior, dependiente del Ministerio de Economía e Industria de Israel, señaló que la innovación agrícola israelí surgió en gran medida para responder a la escasez de agua, el clima árido y las limitadas tierras cultivables.
Esta experiencia resulta cada vez más relevante para Vietnam ante fenómenos como las sequías, las inundaciones, la intrusión salina y los cambios en las precipitaciones.
Entre las áreas con mayor potencial de cooperación, Fohrer destacó el riego inteligente y la gestión eficiente del agua; la agricultura de precisión y basada en datos, mediante sensores, inteligencia artificial (IA), satélites y drones; así como los invernaderos y entornos controlados, la ganadería y la producción láctea, la acuicultura, las soluciones poscosecha y la biotecnología agrícola.
Según el experto, una de las principales lecciones de Israel no es una tecnología concreta, sino un modelo que combine a empresas tecnológicas, agricultores, investigadores, autoridades, socios financieros y mercados.
Como ejemplo, mencionó la cooperación entre TradeIL Vietnam y el Fondo Thien Tam de Vingroup para introducir tecnologías agrícolas israelíes en distintas localidades vietnamitas, así como un proyecto piloto de cultivo de pepino orgánico en Hanoi.
Estos modelos permiten probar tecnologías en condiciones reales, adaptarlas a las características de cada región y evaluar su rentabilidad antes de ampliarlas comercialmente.
“Israel aporta tecnología, investigación y desarrollo (I+D) y experiencia para resolver desafíos agrícolas complejos, mientras Vietnam cuenta con un gran mercado, conocimientos locales, capacidad productiva y acceso al mercado del Sudeste Asiático. El mayor valor se crea cuando combinamos estas fortalezas”, afirmó.
De cara a los próximos cinco a diez años, Fohrer consideró prioritario pasar de la comercialización de tecnologías a la innovación, adaptación y comercialización conjunta.
El cambio climático impulsará especialmente las tecnologías de gestión y tratamiento del agua, la agricultura de precisión, la producción en entornos controlados, las soluciones biológicas, la acuicultura eficiente y la agricultura digital.
Asimismo, señaló que Vietnam podría convertirse en una plataforma para que las tecnologías israelíes accedan al mercado del Sudeste Asiático, mientras que las empresas vietnamitas podrían asumir un papel más activo como socios productores, inversores y codesarrolladores.
El experto destacó que el Tratado de Libre Comercio Vietnam-Israel (VIFTA) ofrece un marco favorable, pero llamó a acompañarlo con medidas concretas, como reducir las barreras regulatorias, apoyar los proyectos piloto y la I+D, fortalecer los vínculos entre la investigación y el mercado, ampliar las granjas demostrativas y los “laboratorios vivos”, y desarrollar mecanismos financieros que faciliten a los agricultores la inversión inicial en tecnología.
Finalmente, Fohrer consideró necesario seguir invirtiendo en recursos humanos, emprendimiento, comercialización, gestión tecnológica e I+D conjunta. A su juicio, el verdadero éxito no consistirá únicamente en vender tecnologías israelíes en Vietnam, sino en lograr que sean probadas, adaptadas y desarrolladas con socios vietnamitas y, posteriormente, fabricadas en el país para atender también otros mercados del Sudeste Asiático.