Paralelamente, plantea la necesidad de priorizar sectores punteros como los semiconductores, la inteligencia artificial (IA), materiales emergentes, la computación cuántica, la industria verde y la industria energética.
Bajo la lupa de expertos, la IA, la industria de semiconductores, los materiales emergentes y la computación cuántica no solo están en la primera fila de los actuales enfoques tecnológicos, sino también sirven de sostén a la futura economía global.
Para una nación en pleno despegue como Vietnam, si se define el rumbo correcto y se asignan recursos proporcionales, las tecnologías de vanguardia se convertirán en el apalancamiento para activar nuevos motores de crecimiento, elevando la competitividad nacional y garantizando un avance firme en la cadena de valor global.
Acelerar el proceso de transición
Vu Quoc Huy, director del Centro Nacional de Innovación (CNI), adscrito al Ministerio de Finanzas de Vietnam, señaló que el país está entrando en una etapa clave de transición frente al auge de la Cuarta Revolución Industrial. Tecnologías de carácter estratégico como la IA, las vinculadas con semiconductores, la biología y las energías renovables, o los datos masivos (big data), vienen reformulando la cadena de valores global y modificando estructuralmente las economías, explicó.
El informe “La economía de la IA en Vietnam: oportunidades de avance y orientaciones de desarrollo estratégicas” elaborado por el CNI confirma que la IA se desempeña como fuerza motriz de transformación universal y ha llegado a ser la primera prioridad de numerosos gobiernos y empresas en su transformación digital. Según la consultora Boston Consulting Group, la economía en torno a esa tecnología en Vietnam podría alcanzar en 2040 un tamaño de entre 120 y 130 mil millones de dólares.
El documento resalta que las inversiones estratégicas en IA colocarán a Vietnam a la cabeza de la carrera regional de innovación y mejorarán su estatus en la economía digital mundial. Una aplicación más entusiasta de esta herramienta también acelerará la transición a un modelo de crecimiento nacional basado en la ciencia y la tecnología.
Aparte de la IA, la industria de semiconductores se valida como piedra angular de la economía mundial al generar cerca de 300 mil millones de dólares en el primer trimestre de 2026, un aumento interanual del 25 por ciento. Los semiconductores son el núcleo de la mayoría de las industrias de alta tecnología y un factor determinante para la competitividad de cada país.
Aunque nuevo en esa materia, Vietnam es considerado poseedor de suficientes potencial y condiciones para acelerar el despliegue de un ecosistema de semiconductores y unirse a la cadena de suministro global. El país ha ido ganando la confianza de NVIDIA, Qualcomm, Lam Research, Qorvo, AlChip y otros emporios tecnológicos que han ampliado sus centros de investigación y desarrollo y han trasladado aquí sus cadenas de suministro.
En el mercado doméstico, tanto las empresas prestigiosas (Viettel, FPT o Phenikaa), como las emergentes (Infrasen, VnChip o Hyphen Deux) se enfrascan en desplegar proyectos de semiconductores. Este impulso se consolida principalmente con mano de obra joven (más del 60 por ciento de la población). Entre el millón 900 mil trabajadores vietnamitas dedicados a la tecnología de la información hay unos siete mil ingenieros de chips semiconductores.
Dominar las tecnologías
En consonancia con la Resolución 19-NQ/TW, las tecnologías estratégicas como la IA ya no se consideran meros actores económicos, sino pasan a ser infraestructura intelectual y fuerzas productivas de alta calidad para transformar por completo el modelo económico. Vietnam aspira a dominar las tecnologías estratégicas para consolidarse como un país de altos ingresos.
Coincidiendo con la idea de que el motor de crecimiento de Vietnam necesita un nuevo combustible en forma de conocimiento y tecnología, la profesora Merit Janow, de la Universidad de Columbia, enfatizó que la nación indochina no puede transitar hacia un nuevo modelo simplemente comprando o importando tecnología o invitando a empresas tecnológicas extranjeras. La tecnología solo se convierte en un activo estratégico cuando se domina, se aplica y se comercializa mediante productos y servicios de alto valor añadido.
Este enfoque redefine el papel del Estado, que pasa de ser un regulador de la estabilidad y la atracción de capital a ser el motor central de la innovación. La administración pública se ocupará de diseñar laboratorios normativos de prueba, de vincular el tejido empresarial con la academia y de garantizar la seguridad jurídica, hasta generar confianza mediante un entorno jurídico transparente y una aplicación coherente de la ley. La tecnología estratégica es una prueba de la capacidad de desarrollo de una nación. Las nuevas ventajas competitivas dependerán del conocimiento, el talento y las capacidades tecnológicas de las empresas nacionales, así como de instituciones lo suficientemente flexibles para promover la innovación y transparentes para generar confianza.
Según Nguyen Phu Hung, jefe del Departamento de Ciencia, Tecnología e Ingeniería del Ministerio de Ciencia y Tecnología, el desarrollo de tecnologías estratégicas requiere un enfoque de gestión completamente diferente al aplicado a las tareas científicas y tecnológicas habituales. Las tecnologías estratégicas abordan problemas de mayor envergadura, tienen ciclos más largos, entrañan mayores riesgos tecnológicos y requieren la participación simultánea de empresas, institutos de investigación, universidades y organismos reguladores.
Para responder a tales exigencias se ha desplegado una serie de políticas dirigidas a crear un marco que permita movilizar los recursos nacionales para dominar las tecnologías estratégicas y comercializar sus productos. Entre ellas figuran un programa nacional especial de ciencia, tecnología e innovación en tecnologías estratégicas; el Decreto 260/2026/ND-CP, que detalla y desarrolla determinadas disposiciones de la Ley de Alta Tecnología, así como las circulares correspondientes. El principio rector de estas nuevas políticas es pasar de la “gestión de proyectos” a la “gestión para crear tecnologías y productos”, con el objetivo de establecer una ruta fluida y óptima para el desarrollo de las tecnologías estratégicas.