“Para los brasileños, cada partido es como una montaña rusa de emociones”
“Para los brasileños, cada partido es como una montaña rusa de emociones”

“Para los brasileños, cada partido es como una montaña rusa de emociones”

Han pasado veinticuatro años desde la última vez que la selección brasileña ganó la Copa del Mundo. Para un país que vive el fútbol como una auténtica religión, esa sequía se hace insoportable. En conversaciones con el periódico Nhan Dan, dos aficionados de dicho país compartieron el torbellino de expectativas, emociones y anhelo que embarga al pueblo brasileño durante esta Copa Mundial de la FIFA 2026.

Periodista y traductor Pedro de Oliveira: “Si Brasil llega a la final, me gustaría ver un duelo contra Francia”

De Oliveira comenzó la conversación recordando el fervor de la afición en el país asiático: "Desde mi primera visita a Vietnam en 2008 con la dirección nacional del PCdoB, quedé impresionado por su pasión futbolística. Tanto entusiasmo teníamos que nos pusimos en contacto con el equipo de Pelé, que por entonces todavía estaba entre nosotros, para organizar una visita suya a Vietnam. Lamentablemente, ese deseo no se pudo cumplir", recordó.

Pedro de Oliveira es periodista y traductor, miembro de la Comisión Internacional del Partido Comunista de Brasil (PCdoB) y secretario general de la Asociación de Amistad Brasil-Vietnam. Lleva muchos años estudiando Vietnam, el pensamiento de Ho Chi Minh, así como las relaciones entre Vietnam y Brasil. Historiador brasileño, su compromiso con este país asiático nació a finales de la década de 1960, cuando se sumó al movimiento contra la guerra de Vietnam y, desde entonces, ha dedicado grandes esfuerzos a profundizar en la historia, la cultura, la política y el proceso de desarrollo de la nación indochina.

Pedro ha visitado Vietnam en reiteradas ocasiones consolidando sólidos vínculos con instituciones, universidades y académicos vietnamitas. Además de realizar investigaciones en la Biblioteca Nacional de Vietnam, fue coautor del Diccionario Portugués-Vietnamita. Además, tiene previsto traducir al portugués la obra Algunas cuestiones teóricas y prácticas sobre el socialismo y el camino hacia el socialismo en Vietnam.

A sus investigaciones sobre política y sociedad se suma un profundo conocimiento del fútbol brasileño, de la historia de este deporte y de su estrecha arraigo en la identidad cultural de su país. Esta pasión lo ha llevado a impulsar la cooperación deportiva entre Brasil y Vietnam, facilitando los contactos entre varios clubes brasileños y sus socios en Vietnam.

"Durante aquel viaje también supimos que las selecciones de Vietnam y Tailandia protagonizaban una de las mayores rivalidades futbolísticas del Sudeste Asiático. En aquel entonces el fútbol vietnamita anhelaba vencer a su eterno rival, y con el tiempo ese sueño se hizo realidad. Mi último viaje a Hanói coincidió con las celebraciones del 50 aniversario de la Liberación del Sur y la Reunificación Nacional de Vietnam. Fue una alegría vivir esos días tan significativos y ver de cerca una nación en paz, con un desarrollo dinámico y una mayor integración en el escenario global."

"Una mañana, un empleado del hotel se me acercó para saber si yo era de Brasil. Cuando le respondí que sí, esbozó una gran sonrisa y me confesó que Neymar era su jugador favorito. Aquello me llegó al corazón. Sentí el amor que los vietnamitas profesan al fútbol, y también un cariño muy especial por la selección brasileña. Ello demuestra que el fútbol funciona como un idioma universal, capaz de acercar a las personas y unir a los pueblos, más allá de las distancias geográficas."

De Oliveira contó que empezó a jugar al fútbol a los 15 años, durante la secundaria. Por aquel entonces, junto a sus compañeros, creó un equipo propio al que llamaron Xavantes Futebol Clube, en honor a los xavante, un pueblo indígena de Brasil.

Recordó que, curiosamente, casi la mitad del plantel tenía ascendencia japonesa, como Toshio, Akira y Paulo Uemura. En aquella época se solía considerar que los jugadores con esa ascendencia eran poco hábiles y carecían de técnica. Sin embargo, este grupo jugaba bastante bien y el equipo permaneció activo durante muchos años.

Según él, el fútbol de Brasil y Japón sostiene un lazo entrañable desde hace décadas. Muchas grandes figuras brasileñas jugaron allí sus últimos años de su carrera, lo que impulsó el crecimiento de la liga local. Un referente indiscutible es Zico, quien quien llegó a dirigir a la selección japonesa en el último enfrentamiento mundialista entre ambos equipos, disputado en 2006, cuando la Canarinha se impuso por 4-1. Por ello, se mostró especialmente entusiasmado al hablar de los Samuráis Azules.

"A Brasil le espera hoy un duelo crucial ante Japón. Es una selección que merece todo nuestro respeto, porque hoy está muy bien preparada, practica un fútbol organizado y destaca por su disciplina táctica y técnica."

De Oliveira, desde luego, da por hecha la victoria de Brasil, aunque también se muestra cauto ante colosos como Argentina, Francia o Inglaterra. "Si Brasil llega a la final, me encantaría ver un duelo contra Francia. Sin duda, sería una final extraordinaria. Ellos saben cómo neutralizar nuestra mayor fortaleza: la velocidad. Con Mbappé, Dembélé y Thuram, posee un juego de transición tan rápido como el de Brasil, pero con una superioridad física evidente. Además, su mediocampo destaca por recuperar el balón con gran eficacia y por frenar los regates mediante disputas muy intensas”.

Inglaterra, impulsada por estrellas como Bellingham y Kane, también es capaz de mantener una intensidad de juego brutal durante los 90 minutos. Obliga a los defensores sudamericanos a cometer errores, ya que los zagueros de esta región no suelen tener la misma capacidad que los europeos para iniciar la salida del balón desde atrás, comentó."

El historiador y traductor Pedro de Oliveira, junto a su familia. (Foto: Cortesía del entrevistado).
El historiador y traductor Pedro de Oliveira, junto a su familia. (Foto: Cortesía del entrevistado).

"Otra amenaza seria es Alemania. De la mano de Julian Nagelsmann, la selección alemana ha recuperado su mejor nivel. Ya no es un equipo lento; cuenta con centrales veloces, como Rüdiger, y despliega ataques con hasta ocho hombres al mismo tiempo. Lo más peligroso es que neutraliza los contragolpes sudamericanos adelantando la línea defensiva y dejando muy pocos espacios para recursos técnicos como el chapéu (elevar el balón por encima del rival) o la pedalada (hacer amagos con las piernas sobre el balón)."

Según De Oliveira, uno de los principales problemas de la selección brasileña es que la mayoría de sus jugadores militan en clubes de distintos países. Aunque todos son cracks indiscutibles en sus equipos, pasan muy poco tiempo juntos con la camiseta nacional. Por ello, no resulta fácil lograr que funcionen con sincronía y cohesión.

"El fuerte de Brasil es su potente ataque, con Vinícius Jr., Endrick, Raphinha y Cunha, además de la gran variedad de opciones que ofrece la plantilla. La defensa también ha mejorado con la incorporación de nuevos zagueros centrales y guardametas de total confianza", explicó.

"Sin embargo, todavía nos falta un delantero centro con capacidad goleadora, y esa sigue siendo una de nuestras debilidades. Nuestro mediocampo creativo necesita demostrar que puede mantener la regularidad frente a los sistemas defensivos del fútbol europeo ante la ausencia de un Neymar en plenitud de condiciones, que en su reciente regreso solo disputó unos veinte minutos y aún no ha recuperado su mejor estado físico."

"La carga mental por conquistar el Hexa es descomunal", concluyó.

Durante la conversación, De Oliveira enfatizó las virtudes técnicas que definen al futbolista brasileño en el plano individual . Contó que el fútbol ha sido una vía para que muchos brasileños cambiaran su destino y salieran adelante en la vida.

"Endrick, por ejemplo, creció en un barrio pobre en las afueras de Brasilia, donde escaseaban los servicios de sanitarios y las infraestructuras educativas. Su padre estaba en paro, pero aun así se empeñaba en grabar los partidos de su hijo y enviarlos a los clubes más importantes de Río de Janeiro y São Paulo. No solo buscaba que ficharan a su hijo, sino también encontrar un trabajo en el club para acompañarlo en los entrenamientos y apoyarlo en su carrera como futbolista profesional. Muchos le cerraron la puerta, hasta que un club de São Paulo le dio una oportunidad. Con solo 19 años, Endrick ya es una de las jóvenes estrellas más destacadas del fútbol brasileño", relató con entusiasmo.

São Paulo es la cuna del fútbol brasileño. Fue allí donde, en 1894, Charles Miller, un paulistano de ascendencia inglesa, importó balones y las reglas modernas del juego desde Inglaterra. Al año siguiente, se disputó el primer partido oficial entre el São Paulo Futebol Clube y el equipo de la British Railway Company (la compañía ferroviaria británica que estaba construyendo la red local en Brasil).

"El estilo de juego de Brasil nace de la combinación entre la capoeira y la samba, dos expresiones culturales que que surgieron en el siglo XIX. El arte del regate brasileño no se inventó en los campos de fútbol, sino en las comunidades de esclavos africanos y en los círculos de capoeira. Allí utilizaban la ginga, esos movimientos suaves del cuerpo, junto con fintas, para escapar de quienes perseguían a los esclavos fugitivos. Con el paso del tiempo, esos movimientos se trasladaron al terreno de juego y se mezclaron con el ritmo de la samba, dando lugar a un estilo de juego espontáneo, creativo y muy diferente del fútbol europeo, que es más disciplinado y físico.

El estilo brasileño, conocido como ginga, surgió como un contrapunto al poderío físico europeo y alcanzó su apogeo entre las décadas de 1930 y 1950. Mientras el fútbol inglés privilegiaba los pases largos y la velocidad, los brasileños crearon recursos como la letra (un regate corto con el empeine) y el elástico (una técnica que popularizó Leônidas da Silva mucho antes de que Rivelino la hiciera famosa). La prensa europea lo catalogó despectivamente como futebol malandro, pero en realidad era un recurso que permitía a jugadores más bajos y ligeros enfrentarse a defensores más corpulentos”.

z7983713390602-9ba2c879644e9c5ae5c3d0dee148d0e0.jpg
Niños en la calle Ari de Oliveira Peter, en el barrio Alto da Boa Vista, municipio de Camaragibe, estado de Pernambuco (Brasil), disfrutan del ambiente mundialista. (Foto: Carol Bezerra).

Pelé no fue el inventor de ese estilo de juego, pero sí lo llevó a su máxima expresión. Sus incisivos regates, caracterizados por un centro de gravedad bajo unos explosivos cambios de ritmo repentinos, mostraron al mundo entero el poder de esta técnica. En la final de la Copa Mundial de 1958 contra Suecia, el joven Pelé, con apenas 17 años, firmó una obra de arte al elevar el balón por encima de un defensa antes de rematarlo de volea a la red. Ese instante inmortalizó el regate como el sello distintivo del “fútbol artístico”.

Leyendas de la talla de Rivelino, con su célebre elástico; Zico, con el drible da vaca, una maniobra que consiste en pasar el balón por un lado del defensa y rodearlo por el otro para recuperarlo; y Romario, con su capacidad para regatear en espacios reducidos dentro del área, llevaron este arte a una nueva dimensión. Cada uno desarrolló su propio repertorio de recursos técnicos, pulidos en gran medida en el fútbol sala, donde los espacios reducidos exigen una mayor creatividad.

Según De Oliveira, Neymar ha vuelto a poner el regate en el centro del debate. Sus fintas y sombreros sobre los rivales le han valido acusaciones de "provocador", pero el astro sostiene que el regate es una forma de resistencia cultural, una manera de demostrar que el fútbol brasileño sigue siendo alegre e ingenioso y de plantar cara a la rigidez de las tácticas europeas actuales.

No obstante, De Oliveira también reconoce que la tendencia actual exige que los regates sean más cortos y tengan un propósito más definido, como abrir huecos para pasar o rematar, en lugar de humillar al adversario. En su opinión, los futbolistas vietnamitas también deberían aprender de ello.

z7988892103492-5bed7e6bc1411d21b1ebadea31cb70aa.jpg
El entonces primer ministro de Vietnam, Pham Minh Chinh, durante su visita al club de fútbol Vasco da Gama en julio de 2025. (Foto: VNA)

También recalcó los múltiples puntos de encuentro entre Brasil y Vietnam. Ambos pueblos forjaron su identidad histórica a través de la lucha contra el colonialismo y el imperialismo, y construyeron con éxito un modelo de desarrollo independiente y autosuficiente. Además, comparten una forma de vida abierta, un fuerte espíritu de cooperación y un amor incondicional por el fútbol.

"Recuerdo con especial aprecio la visita del que por entonces era primer ministro, Pham Minh Chinh, a Brasil en julio de 2025 con motivo de la Cumbre ampliada de los BRICS, celebrada en Río de Janeiro. En aquella ocasión, invitamos al jefe del Gobierno a visitar el Esporte Clube Vasco da Gama, un equipo histórico con una enorme tradición en el país. El Vasco da Gama brilla por sus títulos, pero mucho más por haber sido pionero en la lucha contra el racismo en el fútbol brasileño. El club abrió las puertas del fútbol a los jugadores negros y, desde hace mucho tiempo, representa la idea de que el fútbol pertenece al pueblo y no a unos pocos privilegiados. Esa filosofía sintoniza a la perfección con el espíritu vietnamita, ya que el fútbol representa entrega, solidaridad, perseverancia y capacidad de unir a las personas".

Durante esa misma visita, en el Foro Empresarial Vietnam-Brasil, Pham Minh Chinh y representantes de ambos países presenciaron la firma de varios acuerdos de cooperación, entre ellos uno en el ámbito del fútbol. En particular, el Club de Fútbol de Ciudad Ho Chi Minh y Grêmio suscribieron un acuerdo de cooperación por tres años para la formación de jóvenes futbolistas, en virtud del cual el club brasileño recibirá cada año a 18 jugadores vietnamitas de entre 15 y 17 años para entrenarlos.

Pedro aseguró: "Estoy convencido de que esta colaboración futbolística unirá aún más a Brasil y Vietnam, y favorecerá el intercambio de experiencias y el aprendizaje mutuo. De hecho, la próxima semana una delegación vietnamita viajará a Brasil para mantener una reunión de trabajo con la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF)".

Emanuel Leite Junior: “Para los brasileños, cada partido es como una montaña rusa de emociones”.

Emanuel Leite Junior es doctor en Políticas Públicas por la Universidad de Aveiro (Portugal) y se desempeña como investigador asociado del Colegio Internacional de Fútbol de la Universidad Tongji, en Shanghái (China).

Al igual que De Oliveira, su pasión por el fútbol comenzó en la infancia y, desde hace unas dos décadas, centra su labor investigadora en este deporte. Sus principales líneas de investigación son la sociología del fútbol, la economía política del deporte y las relaciones internacionales vinculadas al ámbito deportivo.

Emanuel Leite Junior es doctor en Políticas Públicas por la Universidad de Aveiro (Portugal) e investigador asociado del Colegio Internacional de Fútbol de la Universidad Tongji, en Shanghái (China: . (FotoCortesía del entrevistado)
Emanuel Leite Junior es doctor en Políticas Públicas por la Universidad de Aveiro (Portugal) e investigador asociado del Colegio Internacional de Fútbol de la Universidad Tongji, en Shanghái (China: . (FotoCortesía del entrevistado)

¿Cómo está viviendo actualmente la población brasileña la fiebre del Mundial?

Los brasileños viven cada Copa Mundial con un fervor verdaderamente excepcional. El fútbol es la principal seña de identidad cultural de Brasil y la Copa del Mundo es la máxima expresión de esa identidad. Durante el torneo, todo el país se entrega por completo a la competición. Incluso quienes no suelen ver fútbol hacen una pausa en sus actividades para sintonizar los partidos de su selección.

La Copa Mundial trasciende el ámbito estrictamente deportivo. Se convierte en un momento de reafirmación de la identidad nacional, de celebración colectiva y de intensa movilización social.

Cada vez que la Seleção salta a la cancha, la dinámica cotidiana se altera de forma drástica. La inmensa mayoría de la población centra toda su atención en los partidos. Los organismos públicos reducen su jornada laboral y muchas empresas privadas permiten a sus empleados interrumpir temporalmente su trabajo o les conceden tiempo libre para ver los partidos.

Durante los 90 minutos reglamentarios del partido, muchas ciudades quedan virtualmente paralizadas. El tráfico disminuye de forma considerable, la actividad comercial se ralentiza y las calles quedan casi desiertas, ya que la mayor parte de la población está pendiente de la actuación de la selección brasileña.

¿De qué manera se reúnen los hinchas en Brasil para ver a su selección? ¿Lo hacen en familia, con amigos, en bares, plazas o directamente en las calles?

No hay una única forma de ver los partidos de la selección brasileña. Muchos prefieren estar con su familia en casa, mientras que otros se reúnen con amigos o eligen la energía de los bares y restaurantes para ver los encuentros.

También es habitual que se instalen pantallas gigantes en espacios públicos como plazas y parques. Además, en muchos barrios, los vecinos organizan actividades en la calle, decoran el entorno con los colores de Brasil y ven los partidos juntos, creando un ambiente de convivencia y celebración.

z7988893024250-dfb07d8877e61bd518376c3a5074573a.jpg
Vestir la camiseta de la selección brasileña ha sido desde hace mucho un símbolo de unión comunitaria y de identidad nacional. (Foto: Cortesía del entrevistado).

¿Qué pasa por la cabeza y el corazón de los brasileños antes, durante y después de cada partido de la Seleção? ¿Cómo es esa montaña rusa de emociones?

El fútbol despierta sentimientos muy profundos entre los brasileños. Antes de los partidos, predominan la ansiedad, la expectativa y, dependiendo de la fase de la Copa, la confianza o la aprensión.

Durante el partido, las emociones cambian con cada jugada. En cuestión de minutos pueden surgir la esperanza, la tensión, el nerviosismo, el entusiasmo, la alegría, la euforia, el alivio, la frustración, el miedo, la rabia, la indignación e incluso la desesperación. El fútbol es un deporte que provoca una auténtica montaña rusa de emociones.

Tras el pitido final, todo depende del resultado. Si se gana, predominan la satisfacción, la felicidad, la euforia, el orgullo y el sentimiento de unidad. Por el contrario, en caso de derrota, aparecen el pesar, la tristeza, la decepción, la ira y, en muchas ocasiones, la sensación de que todo el país comparte ese momento.

Vestir la camiseta de la selección brasileña ha sido durante mucho tiempo un símbolo de pertenencia colectiva y de identidad nacional. Sin embargo, en los últimos años este símbolo también se ha convertido en objeto de debates con matices políticos. Esta situación ha llevado a muchos brasileños de tendencia progresista a defender la necesidad de recuperar el significado original de este emblema nacional, evitando que sea monopolizado por alguna fuerza política.

Por ello, algunas personas optan por vestir la camiseta azul de la selección o incluso una camiseta roja con el escudo de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF). No obstante, independientemente del color elegido, vestir la camiseta de la selección durante cada Copa Mundial sigue siendo un símbolo de pertenencia, de unidad nacional y de pasión por el fútbol.

¿Cómo se siente al saber que tantos aficionados vietnamitas siguen apoyando y admirando a la selección de Brasil?

Me produce una enorme alegría saber que el pueblo vietnamita sigue con tanta atención a la selección brasileña y le profesa un afecto tan especial.

El fútbol brasileño constituye una de las principales manifestaciones culturales de nuestro país. La historia de la selección, única pentacampeona mundial y responsable de popularizar internacionalmente la idea del jogo bonito (fútbol bello), despierta admiración en distintas partes del mundo.

Ese sentimiento de afinidad resulta especialmente intenso entre los pueblos del Sur Global. En términos generales, Brasil goza de una imagen muy positiva en el exterior, y buena parte de ese reconocimiento se debe al fútbol y a la proyección internacional de la selección brasileña. Saber que ese cariño también existe en Vietnam constituye para mí una enorme satisfacción.

Si Brasil alcanza la final de la Copa Mundial, ¿qué selección le gustaría que fuera su rival? ¿Por qué?

Como aficionado al fútbol, siempre he soñado con presenciar una final de la Copa Mundial entre Brasil y Argentina, el gran clásico y la mayor rivalidad de la historia del fútbol mundial.

Lamentablemente, según el cuadro de esta Copa del Mundo, ambas selecciones solo podrían enfrentarse en las semifinales. Por eso, si Brasil logra clasificarse para la final, me gustaría que su rival fuera Francia.

En mi opinión, la selección francesa es actualmente la más fuerte del mundo y ofrecería una final de altísimo nivel técnico. Además, sería una oportunidad histórica para que Brasil se tomara la revancha por la derrota sufrida en la final de la Copa Mundial de 1998.

¿Qué mensaje le gustaría dejarle a toda esa hinchada vietnamita que sigue de cerca y alienta con tanta pasión a la selección de Brasil?

Quisiera expresar mi más sincero agradecimiento, de corazón, a todos los compañeros vietnamitas que siguen y animan a la selección brasileña. Es un verdadero honor saber que nuestro fútbol despierta tanto afecto y admiración en Vietnam.

Ceremonia de firma de acuerdos de cooperación futbolística entre Vietnam y Brasil durante la visita del entonces primer ministro Pham Minh Chinh a Brasil en julio de 2025. (Foto: VNA)

vna-potal-thu-tuong-du-dien-dan-doanh-nghiep-viet-nam-brazil-8133313jpg.jpg
Ceremonia de firma de acuerdos de cooperación futbolística entre Vietnam y Brasil durante la visita del entonces primer ministro Pham Minh Chinh a Brasil en julio de 2025. (Foto: VNA)

Si ustedes respetan a Brasil por nuestro fútbol, sepan que yo también profeso una profunda admiración por el pueblo vietnamita, por su historia revolucionaria, por su resistencia ante las adversidades y por su extraordinario ejemplo de desarrollo nacional. Esa trayectoria constituye una fuente de inspiración, especialmente para los pueblos del Sur Global.

Confío en que la amistad entre nuestros pueblos continúe fortaleciéndose, dentro y fuera de los terrenos de juego. Reciban mi abrazo fraterno y mi más sincero agradecimiento por el cariño dedicado a Brasil. ¡Viva la amistad entre Brasil y Vietnam!

Back to top