El acto puso de relieve el profundo agradecimiento de la población a quienes sacrificaron sus vidas por la independencia y la libertad de la Patria.
Vo Thi Bach Tuyet, de 78 años y residente en el barrio de Gia Dinh, llegó a la calle Cach Mang Thang Tam a las siete de la mañana con un ramo de crisantemos blancos. Conmovida, expresó su gratitud por el sacrificio de los mártires y explicó que decidió acudir tras conocer la recuperación de los restos de más de 700 caídos en el Parque Cultural Le Thi Rieng y su posterior traslado al cementerio de la ciudad.
Hoang Thao Van, residente en el barrio de Hoa Hung y dedicada al pequeño comercio, decidió cerrar su negocio durante un día para despedir a los mártires. Compró tres ramos de flores y compartió algunos con otras personas que no habían tenido tiempo de prepararlos. También manifestó su deseo de que quienes pasaran por la calle se detuvieran un momento para rendir homenaje a los caídos.
Por su parte, Le Thanh Phong y su esposa viajaron desde la provincia sureña de Dong Thap hasta Ciudad Ho Chi Minh la tarde anterior para participar en la ceremonia de homenaje y entierro. Phong señaló que, cuanto más se disfruta de la paz y la prosperidad, más se debe valorar el sacrificio de las generaciones anteriores.
Cuando la caravana que transportaba los restos pasó por las calles, la multitud guardó casi absoluto silencio y se inclinó respetuosamente; muchos no pudieron contener las lágrimas. Le Thi Van, residente en el barrio de Nhieu Loc, relató que sintió un profundo dolor al conocer detalles sobre la recuperación de los restos en el Parque Cultural Le Thi Rieng, incluidos los casos en que se encontraban superpuestos y las brutales torturas que sufrieron algunos mártires antes de morir. Expresó su admiración por su sacrificio y rindió homenaje a su memoria.
Los ramos de flores blancas y el silencio respetuoso de la multitud convirtieron la despedida en un emotivo homenaje colectivo a los mártires, cuya memoria permanece viva entre los habitantes de Ciudad Ho Chi Minh.