La Resolución N.º 70-NQ/TW, emitida el 20 de agosto de 2025 sobre la garantía de la seguridad energética nacional hasta 2030, con visión a 2045, fija como objetivo que Vietnam disponga para 2030 de reservas de petróleo equivalentes a unos 90 días de importaciones netas. Asimismo, plantea desarrollar un sistema nacional de reservas de petróleo crudo y derivados acorde con las necesidades del desarrollo socioeconómico y de la seguridad energética del país, tanto en tierra como en el mar.
En declaraciones a la Agencia Vietnamita de Noticias (VNA), el experto destacó que un sistema sólido de seguridad energética debe apoyarse en tres niveles de reservas: las estratégicas, administradas por el Estado para situaciones de emergencia; las comerciales, mantenidas por las empresas y los principales distribuidores; y las destinadas a garantizar la operación de las refinerías.
Actualmente, explicó, las reservas nacionales de Vietnam solo cubren entre siete y diez días de consumo. Si se suman las reservas comerciales y los inventarios de las refinerías, el sistema dispone de existencias para entre 30 y 65 días, dependiendo del momento. Sin embargo, precisó que la mayor parte de esos volúmenes está destinada a la actividad comercial y no constituye una reserva estratégica.
De acuerdo con estudios del VPI, las reservas de Vietnam siguen estando muy por debajo de los estándares internacionales. La Agencia Internacional de Energía (AIE) exige a sus países miembros mantener reservas equivalentes, como mínimo, a 90 días de importaciones netas.
En muchos países desarrollados, además, estas reservas estratégicas se gestionan de manera independiente, con presupuestos y mecanismos propios. Por ello, para alcanzar la meta fijada en la Resolución N.º 70-NQ/TW, Vietnam deberá no solo ampliar su capacidad de almacenamiento, sino también reorganizar su modelo de reservas.
Al analizar los riesgos derivados de la volatilidad del mercado energético mundial, Nguyen Van Tu señaló que Vietnam enfrenta tres desafíos principales.
El primero es la posibilidad de interrupciones en el suministro si se producen bloqueos prolongados en las rutas de transporte o en los principales mercados abastecedores.
El segundo es el incremento de los precios y de la inflación, debido a la necesidad de importar productos petrolíferos durante períodos de elevados precios internacionales, lo que encarece el transporte, la producción y el consumo.
El tercero es el impacto sobre la economía nacional, ya que el aumento del costo de las importaciones energéticas ejerce presión sobre el tipo de cambio, las reservas de divisas y el crecimiento económico.
En este contexto, insistió en que las reservas deben prepararse con antelación y no únicamente cuando estalla una crisis.
Respecto al objetivo de alcanzar reservas equivalentes a unos 90 días de importaciones netas, consideró que, aunque supone un desafío importante, es una meta plenamente alcanzable si se aplica una hoja de ruta adecuada.
En su opinión, el Estado debe concentrar sus inversiones en las reservas estratégicas, mientras que las empresas deben cumplir las obligaciones de almacenamiento con el respaldo de mecanismos razonables de compensación de costos.
Paralelamente, es necesario desarrollar un plan integral que abarque los puertos de importación, las instalaciones de almacenamiento, los oleoductos, las redes de distribución y los mecanismos de compensación correspondientes. También consideró imprescindible contar con un marco jurídico claro que defina las responsabilidades y los derechos tanto del Estado como de las empresas para garantizar un funcionamiento eficiente y sostenible del sistema de reservas energéticas.
Nguyen Van Tu sostuvo que el modelo nacional de reservas petroleras debe apoyarse en herramientas cuantitativas que permitan optimizar el equilibrio entre las reservas de crudo y de productos refinados, definir el volumen adecuado de almacenamiento y evaluar la relación entre costos, beneficios y seguridad energética.
En este sentido, explicó que el VPI ha propuesto un modelo basado en varios principios fundamentales. El primero consiste en separar completamente las reservas nacionales de las comerciales. Las reservas estratégicas deben contar con instalaciones, activos y mecanismos de gestión propios, y solo podrán utilizarse en situaciones de emergencia autorizadas por las autoridades competentes.
Asimismo, defendió una combinación equilibrada entre reservas de petróleo crudo y de productos refinados. El crudo ofrece menores costos de almacenamiento y una mayor vida útil, aunque su aprovechamiento depende de la capacidad de procesamiento de refinerías como Dung Quat y Nghi Son.
Por su parte, las reservas de productos refinados deben mantenerse en un nivel suficiente para responder de inmediato a eventuales interrupciones del suministro. También propuso combinar instalaciones de almacenamiento terrestres y marítimas para reforzar la estabilidad y la flexibilidad del sistema.
La red de depósitos debería distribuirse entre las tres regiones del país y estar conectada con puertos, oleoductos y centros de consumo para facilitar una respuesta coordinada ante incidentes localizados. Añadió que las inversiones deben ejecutarse de forma gradual, priorizando el aprovechamiento de la infraestructura existente antes de ampliar la capacidad, con el objetivo de alcanzar reservas equivalentes a 90 días de importaciones netas para 2030.
Al mismo tiempo, consideró necesario crear un organismo único encargado de coordinar la gestión del sistema nacional de reservas y aprovechar las capacidades de las principales empresas estatales.
Para lograr ese objetivo, el VPI propone seis grandes líneas de actuación. La primera consiste en perfeccionar el marco jurídico, definiendo con claridad las reservas nacionales, las comerciales y las obligaciones de almacenamiento de las empresas. También plantea diversificar las fuentes de financiación mediante recursos presupuestarios, asociaciones público-privadas (APP), la emisión de bonos y mecanismos de financiación verde.
Asimismo, propone establecer sistemas de compensación para cubrir los costos que asumen las empresas por mantener las reservas obligatorias, junto con incentivos en materia de suelo, planificación, impuestos y tasas que impulsen la inversión en infraestructura.
Además, Nguyen Van Tu destacó la importancia de aprovechar los períodos de precios bajos del petróleo para reponer las reservas a menor costo, al tiempo que se fortalecen las capacidades de gestión de riesgos mediante sistemas de información, mecanismos de alerta temprana e instrumentos financieros, como contratos de futuros y opciones, que permitan reducir el impacto de la volatilidad de los precios internacionales.
Por último, subrayó que las reservas representan solo una de las múltiples capas que integran la seguridad energética. Para construir un "escudo" verdaderamente sólido, Vietnam debe reforzar al mismo tiempo su capacidad de autoabastecimiento, de manera que las refinerías puedan cubrir al menos el 70% de la demanda nacional de combustibles.
También debe diversificar las fuentes y rutas de importación para reducir los riesgos geopolíticos; acelerar la transición energética mediante el desarrollo de las energías renovables, el gas natural licuado (GNL), la energía nuclear y los biocombustibles; promover un uso más eficiente de la energía; y fortalecer las capacidades de previsión, alerta temprana y coordinación entre los organismos reguladores y las empresas.
A su juicio, la aplicación simultánea de estas medidas permitirá a Vietnam responder con mayor eficacia a las fluctuaciones del mercado energético mundial y garantizar su seguridad en ese ámbito a largo plazo.