De los recursos culturales a los activos creativos

Los recursos culturales solo pueden impulsar plenamente la economía creativa cuando se convierten en productos capaces de crear valor y competir de manera sostenida en el mercado. La tecnología actúa como un catalizador que permite maximizar el potencial de la cultura, mientras que la propiedad intelectual asegura la protección de las creaciones y fomenta un crecimiento sostenible del sector.

El programa artístico "Dando alas a la infancia", organizado por el periódico Nhan Dan en octubre de 2026, atrajo a miles de espectadores jóvenes.
El programa artístico "Dando alas a la infancia", organizado por el periódico Nhan Dan en octubre de 2026, atrajo a miles de espectadores jóvenes.

La Resolución 80-NQ/TW del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Vietnam sobre el desarrollo de la cultura nacional, emitida el 7 de enero de 2026, establece entre sus orientaciones fundamentales el impulso de la ciencia, la tecnología, la innovación y la transformación digital para abrir nuevos espacios y dinamizar el desarrollo de la cultura. Esta orientación no solo reafirma la importancia de la tecnología para aprovechar y difundir los valores culturales, sino también plantea mayores exigencias en cuanto a la aplicación de los avances tecnológicos para crear nuevos valores y productos culturales.

Los resultados observados en los últimos años ponen de manifiesto que la combinación de tecnología y creatividad ha permitido ampliar significativamente el alcance de numerosas expresiones culturales tradicionale. La aplicación de técnicas de proyección tridimensional (3D mapping), realidad virtual (VR) e iluminación artística ha revitalizado espacios patrimoniales como el Templo de la Literatura, la Ciudadela Imperial de Thang Long y la Ciudad Imperial de Hue.

Estas innovaciones han impulsado el desarrollo de productos turísticos atractivos que, además de generar beneficios económicos, ofrecen experiencias de alto valor cultural y educativo. Asimismo, gracias a las nuevas propuestas creativas de los jóvenes artistas, géneros tradicionales como el cheo, el xam y el quan ho han cobrado nuevo dinamismo y una presencia más relevante en la vida contemporánea.

La tecnología también permite ampliar las cadenas de valor, prolongar la vida comercial de los productos culturales vietnamitas y facilitar su acceso a nuevos mercados. Programas televisivos como Anh trai vuot ngan chong gai (Hermanos que superan mil desafíos) y Anh trai say hi (Hermanos, ¡digan hola!) ejemplifican cómo un contenido original puede expandirse más allá de la pantalla y dar lugar a conciertos, películas de conciertos y una amplia gama de productos comerciales asociados, aprovechando plataformas digitales.

De este modo, la tecnología crea las condiciones para que los valores culturales trasciendan los límites de un producto específico y se proyecten a través de múltiples plataformas y formatos. Cuando estos contenidos reciben una inversión adecuada en creatividad y se gestionan mediante estrategias eficaces de explotación y comercialización, pueden transformarse en activos culturales de propiedad intelectual, conocidos como IPs culturales, capaces de atraer audiencias, generar ingresos y aportar un valor significativo a la economía creativa.

Según la abogada Tran Thi Tam, directora de IPCOM Vietnam, el concepto de IP cultural concierne a las creaciones del ámbito cultural que pueden explotarse de manera reiterada en distintos sectores, desde el entretenimiento y el cine hasta los bienes de consumo y el turismo, con el apoyo de la tecnología, para generar ingresos y fortalecer la competitividad.

Desde la perspectiva de la propiedad intelectual, los productos y actividades culturales, como las películas, los espectáculos artísticos, las obras musicales, los festivales, los destinos turísticos, los productos artesanales y los recuerdos turísticos, pueden estar protegidos por diferentes modalidades de derechos. Entre ellas se incluyen los derechos de autor, los derechos conexos, las marcas, los nombres comerciales y las indicaciones geográficas.

El desarrollo de esos activos son, por lo tanto, una vía para multiplicar las expresiones de la identidad vietnamita, proyectar la cultura nacional hacia el mundo y fortalecer el poder blando del país. Sin embargo, transformar los recursos culturales en productos creativos con valor económico requiere abordar desde las primeras etapas la identificación y el establecimiento de los derechos de propiedad intelectual correspondientes.

Nguyen Thi Hoang Lan, directora del Departamento de Información Electrónica y Transformación Digital del Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo, consideró que un recurso cultural solo puede integrarse plenamente a la economía creativa cuando forma parte de una cadena de valor integral y continua. Este proceso comienza con las comunidades o entidades que conservan el patrimonio, continúa con la intervención de los profesionales creativos, el apoyo de la tecnología y la capacidad de gestión empresarial, y culmina con la comercialización de los productos en el mercado.

A juicio de Hoang Lan, esta transformación suscita una serie de desafíos legales: ¿quién es el titular de los derechos sobre los elementos culturales originales?, ¿cómo se reconocen y protegen las creaciones derivadas de ellos?, ¿de qué manera deben distribuirse los dividendos económicos de su comercialización para garantizar que las comunidades depositarias del patrimonio también puedan beneficiarse de sus propios recursos culturales?

Esas interrogantes ponen de relieve que la propiedad intelectual en el ámbito cultural no debe limitarse a proteger los derechos de autor una vez creado el producto, sino que ha de convertirse en un componente esencial desde el inicio del proceso de creación, explotación y generación de valor.

En efecto, la incertidumbre sobre los derechos vinculados a los recursos culturales originales puede convertirse en un obstáculo importante para los creadores. Del mismo modo, la sostenibilidad de su aprovechamiento económico depende de que los beneficios generados se distribuyan de forma justa e inclusiva, reconociendo la contribución de las comunidades que han preservado y transmitido ese patrimonio.

Por otra parte, las reglas sobre la titularidad y el uso de los recursos culturales que no estén bien definidas pueden desalentar a las empresas a invertir recursos en el desarrollo de productos culturales. Por esta razón, la propiedad intelectual cultural debe abordarse desde una perspectiva integral que abarque la identificación del origen de los recursos, la determinación de los titulares de los derechos, la creación de nuevos productos, su explotación comercial y la distribución de beneficios entre las partes involucradas.

En este sentido, además de proteger los resultados de la actividad creativa, el desarrollo de los IP culturales debe contribuir a establecer mecanismos que permitan aprovechar los valores culturales de manera eficaz y sostenible.

Hoang Lan subrayó que alcanzar este objetivo requiere construir un ecosistema creativo articulado, en el que la cultura aporte los recursos originales, los profesionales de la creación generen nuevos valores, la tecnología amplíe las posibilidades de difusión, las empresas faciliten el acceso de los productos al mercado y el Estado sea un facilitador y articulador de los recursos.

En consonancia con esta visión, los organismos reguladores deben superar un enfoque centrado exclusivamente en la administración y avanzar hacia otro que promueva la colaboración entre los actores culturales, las comunidades creativas y las empresas tecnológicas. Al mismo tiempo, resulta necesario ampliar las oportunidades para vincular las ideas innovadoras con las fuentes de inversión y los mercados de consumo.

Estas condiciones son fundamentales para convertir los recursos culturales en productos competitivos y hacer de la cultura un nuevo motor de crecimiento, capaz de aportar beneficios concretos al desarrollo económico nacional.

Con el propósito de establecer una plataforma de conexión sostenible entre creadores, empresas, tecnología y mercados, así como contribuir al desarrollo de las industrias culturales y al fortalecimiento del poder blando de Vietnam, fue convocado en todo el país el Premio de Cultura Creativa Vietnam Dragón Azul 2026. El certamen se articula en torno a cuatro pilares: creatividad, tecnología, experiencia e impacto, con el objetivo de identificar y reconocer proyectos, productos y activos de propiedad intelectual cultural que contribuyan a revitalizar el patrimonio mediante enfoques contemporáneos y aplicaciones tecnológicas.

La convocatoria abarca una amplia variedad de ámbitos, desde las artes, la música, el diseño y el turismo hasta la educación STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas) y los modelos tecnológicos aplicados a la digitalización del patrimonio cultural. El anuncio de los resultados y la entrega de premios se realizarán en enero de 2027.

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