Más allá de la definición de los valores fundamentales, la Decisión tiene como objetivo que estos valores penetren profundamente en la vida social, se conviertan en normas de comportamiento y en una fuerza impulsora del desarrollo nacional.
En una entrevista con la prensa, el profesor asociado y doctor Bui Hoai Son, miembro permanente de la Comisión de Cultura y Asuntos Sociales de la Asamblea Nacional, afirmó que la principal novedad de la Decisión Nº 1189/QĐ-TTg reside en el cambio desde la identificación y difusión de los valores hacia la organización, aplicación y práctica sistemática de dichos valores en toda la sociedad.
Según explicó, anteriormente la construcción del sistema de valores nacionales, culturales, familiares y estándares del pueblo vietnamita tenía principalmente un carácter orientativo, sin establecer un mecanismo de implementación uniforme desde el nivel central hasta las bases.
La nueva Decisión no solo aclara el contenido de cada conjunto de valores, sino que también establece la relación orgánica entre los cuatro. En este marco, el sistema de valores nacionales orienta los objetivos y aspiraciones de desarrollo; el de valores culturales crea el entorno para que los valores sean aceptados, practicados y difundidos; el conjunto de valores familiares constituye la base para la formación de la personalidad; mientras que los estándares del pueblo vietnamita son al mismo tiempo el sujeto que practica esos valores y el objetivo del desarrollo.
Cabe destacar que el Plan exige concretar los valores en normas y reglas de conducta adecuadas para cada ámbito, sector profesional y grupo social; al mismo tiempo, integra criterios de valores en el proceso de elaboración de políticas de desarrollo socioeconómico, así como en la evaluación del impacto de dichas políticas sobre la cultura y el ser humano.
Según Hoai Son, este constituye un paso hacia la formación de un sistema de gobernanza de los valores nacionales, para que estos no solo aparezcan en lemas o documentos, sino que se reflejen en las leyes, políticas, actividades públicas, educación, producción, negocios, vida familiar y comportamiento cotidiano de cada ciudadano.
Para que los sistemas de valores realmente se incorporen a la vida, lo más importante es transformar cada valor en acciones concretas que puedan ser reconocidas, practicadas y evaluadas. Valores como la responsabilidad, la honestidad o la solidaridad deben expresarse mediante acciones en el servicio público, la producción y los negocios, la educación, así como en la conducta diaria de cada persona.
Según el experto, cada entorno necesita una forma adecuada de materializar los sistemas de valores. En la familia, estos deben expresarse mediante el amor, la igualdad, el respeto, la cooperación y la responsabilidad; en las escuelas, deben transmitirse a través de experiencias y una cultura de comportamiento adecuada; en los organismos y entidades, deben convertirse en estándares de ética pública y calidad del servicio a la población; mientras que en las empresas deben reflejarse en la integridad, la responsabilidad social, la cultura empresarial y el desarrollo sostenible.
También subrayó el papel ejemplar de los funcionarios, miembros del Partido, dirigentes, docentes, artistas, personas prestigiosas y figuras influyentes en la sociedad.
A su juicio, los valores solo adquieren verdadera vitalidad cuando se convierten en patrones de conducta; la repetición de esos comportamientos forma hábitos y gradualmente se transforma en normas sociales. Por ello, la implementación debe realizarse de manera constante y sostenida, vinculada a los derechos, responsabilidades, mecanismos de incentivo y ajustes sociales, en lugar de limitarse a campañas de corta duración.
Respecto a la cuantificación de los resultados de la aplicación de los sistemas de valores, señaló que el criterio más importante es el nivel de transformación en el comportamiento humano y la calidad de las relaciones sociales. La eficacia no debe evaluarse principalmente por el número de conferencias, lemas o modelos implementados, sino por la mejora de la conducta de las personas, familias más felices, organismos más responsables y una sociedad más segura y humana.
A partir de este criterio central, se pueden establecer grupos de indicadores como el nivel de cumplimiento de la ley, la satisfacción y confianza de los ciudadanos, la calidad de la interacción en los organismos públicos, el grado de honestidad en la educación, los negocios y los medios de comunicación, los índices de violencia familiar y escolar, el espíritu de solidaridad comunitaria, la conciencia de protección ambiental, la civilidad en el espacio digital y la capacidad de innovación y contribución de los ciudadanos.
La medición debe combinar datos de la gestión estatal con estudios sociológicos, encuestas independientes y opiniones de la población; además, es necesario construir un marco de criterios, una base de datos y un sistema unificado de seguimiento conforme a los requisitos de la Decisión Nº 1189.
En el contexto del fuerte desarrollo de la transformación digital y las redes sociales, Hoai Son consideró necesario priorizar la construcción de un ecosistema de contenidos digitales positivos, atractivos y con alto valor experiencial, donde los jóvenes no solo sean receptores, sino también creadores y difusores de valores utilizando el lenguaje propio de su generación.
Según él, valores como el patriotismo, la autosuficiencia, la responsabilidad, la solidaridad y la creatividad deben transmitirse mediante historias cotidianas, personajes reales, obras artísticas, videojuegos, podcasts o vídeos cortos adaptados a cada plataforma digital.
La Decisión N.º 1189 también plantea el requisito de aplicar la inteligencia artificial, la realidad virtual y la digitalización de materiales para apoyar la educación, la experiencia y mejorar el acceso a los sistemas de valores. Sin embargo, la tecnología es únicamente una herramienta; el factor decisivo sigue siendo la calidad del contenido, su autenticidad, atractivo y capacidad para despertar el orgullo y la aspiración de contribuir de los jóvenes.
Además del desarrollo de contenidos positivos, el experto señaló la necesidad de mejorar las competencias digitales y la capacidad de autoprotección de los adolescentes y jóvenes frente a la información falsa y las tendencias negativas; asimismo, es necesario movilizar la participación de las familias, las escuelas, los medios de comunicación, las empresas tecnológicas y las plataformas digitales en la construcción de un entorno digital saludable.
Según afirmó, cuando los jóvenes tengan condiciones para experimentar, crear y demostrar los valores mediante sus propias acciones, el sistema de valores nacionales, culturales y familiares se convertirá en una fuerza interna para el desarrollo de cada individuo y del país.