Tal fue la afirmación del embajador de Vietnam en Dinamarca, Nguyen Le Thanh, durante la ceremonia de traspaso de la presidencia del Comité de la Asean en Copenhague, celebrada a finales de abril.
La ceremonia tuvo lugar en la embajada de Tailandia con la participación de más de 50 delegados, incluidos representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores, agencias, institutos de investigación, académicos, empresas y asociaciones danesas, así como de las misiones diplomáticas acreditadas en el país europeo.
El ejercicio de la presidencia rotativa de Vietnam por un año reviste especial significado, especialmente porque en enero de 2026 la Asean reconoció oficialmente a Dinamarca como socio de diálogo sectorial, y en octubre del mismo año admitió a Timor Oriental como miembro.
Los embajadores de la Asean valoraron positivamente el plan de acción de Vietnam, que contempla el fortalecimiento del entendimiento, la promoción de la imagen de la Asean y de sus Estados miembros entre los socios daneses y el público en general, así como el impulso a la conectividad y la eficacia de la cooperación en áreas de interés mutuo.
En la ocasión, las embajadas de la Asean en Dinamarca (Indonesia, Tailandia, Filipinas y Vietnam) organizaron un seminario titulado “Asean-Dinamarca: Cooperación por el futuro”.
Al intervenir en el evento, Le Thanh destacó que la Asean consolida cada vez más su papel como importante mecanismo de cooperación entre los Estados miembros y sus socios, contribuyendo al mantenimiento de la paz, la estabilidad y la confianza, así como a la ampliación del espacio de colaboración a favor del desarrollo y la prosperidad compartidos.
Señaló que la Asean deberá responder simultáneamente a cuatro grandes desafíos: la creciente presión estratégica, el impacto cada vez más rápido y profundo de las crisis externas, la complejidad creciente de la transición económica y tecnológica verde, y la necesidad de mejorar la eficacia institucional y la capacidad de acción del bloque.
Subrayó que la fortaleza de la Asean radica en su capacidad para transformar los desafíos en motores de reforma y desarrollo. El futuro del bloque, afirmó, dependerá de su capacidad para mantener la unidad y la cohesión, así como para conservar su papel central en un entorno cada vez más competitivo, y de su capacidad para fortalecer su resiliencia y maniobrabilidad estratégica. Para ello, es necesario promover un orden regional abierto, inclusivo y basado en normas, así como garantizar un desarrollo sostenible, inclusivo y centrado en la ciudadanía, recalcó.