Cuando se habla de Ha Giang, la provincia más septentrional de Vietnam, muchos la asocian de inmediato con las afiladas rocas kársticas o con el paso de montaña de Ma Pi Leng. Sin embargo, bajo esa apariencia áspera se esconde una belleza conmovedora: un lugar donde las sonrisas de los niños y las miradas de los ancianos de las aldeas de Lo Lo Chai y Lao Xa irradian una vitalidad eterna.