Ha Giang: una balada entre rocas y primavera eterna

Ha Giang: una balada entre rocas y primavera eterna

Cuando se habla de Ha Giang, la provincia más septentrional de Vietnam, muchos la asocian de inmediato con las afiladas rocas kársticas o con el paso de montaña de Ma Pi Leng. Sin embargo, bajo esa apariencia áspera se esconde una belleza conmovedora: un lugar donde las sonrisas de los niños y las miradas de los ancianos de las aldeas de Lo Lo Chai y Lao Xa irradian una vitalidad eterna.

Con las mejillas sonrosadas por el frío, los pequeños visten trajes de colores vivos, como mariposas de primavera que revolotean entre las montañas.
Con las mejillas sonrosadas por el frío, los pequeños visten trajes de colores vivos, como mariposas de primavera que revolotean entre las montañas.
La inocencia y la transparencia de la infancia contrastan con la grandeza y la dureza del paisaje montañoso.
La inocencia y la transparencia de la infancia contrastan con la grandeza y la dureza del paisaje montañoso.
Al llegar a Lo Lo Chai o Lao Xa, uno se topa con casas de muros de tierra apisonada, con tejados yin-yang cubiertos de musgo y marcados por el paso del tiempo.
Al llegar a Lo Lo Chai o Lao Xa, uno se topa con casas de muros de tierra apisonada, con tejados yin-yang cubiertos de musgo y marcados por el paso del tiempo.
Las ancianas de la etnia Lo Lo, con sus elaborados trajes confeccionados a partir de miles de pequeños fragmentos de tela, son “museos vivos” que preservan la memoria cultural de su pueblo. Cada prenda es una obra de arte que se ha ido transmitiendo de generación en generación.
Las ancianas de la etnia Lo Lo, con sus elaborados trajes confeccionados a partir de miles de pequeños fragmentos de tela, son “museos vivos” que preservan la memoria cultural de su pueblo. Cada prenda es una obra de arte que se ha ido transmitiendo de generación en generación.
Los melocotoneros florecen junto a los muros de piedra, los ciruelos blancos se elevan en la neblina de la mañana y las ramas de los perales quedan envueltas en una capa de hielo cristalino.
Los melocotoneros florecen junto a los muros de piedra, los ciruelos blancos se elevan en la neblina de la mañana y las ramas de los perales quedan envueltas en una capa de hielo cristalino.
Sobre el fondo verde grisáceo de las montañas rocosas, dos niños parecen pasear por el jardín de un cuento propio.
Sobre el fondo verde grisáceo de las montañas rocosas, dos niños parecen pasear por el jardín de un cuento propio.
Ha Giang es la prueba más viva del milagro de la vida: cuanto más árida es la roca, más espléndida brota la flor.
Ha Giang es la prueba más viva del milagro de la vida: cuanto más árida es la roca, más espléndida brota la flor.
VOV
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