Tras cerca de 80 años de formación, cuenta con 21 hogares y 128 habitantes de la etnia Mong, que aún conservan marcados rasgos de su cultura tradicional en la vida cotidiana y la arquitectura.
El viaje hacia Huoi Man constituye un verdadero desafío, con caminos de tierra que serpentean por las laderas montañosas, pendientes pronunciadas y numerosas curvas peligrosas. Desde la entrada de la aldea, tras recorrer unos 300 metros por un camino de tierra roja, se va revelando gradualmente un espacio cultural característico, distinto de los asentamientos modernos.
Uno de los rasgos más destacados de Huoi Man es su singular arquitectura, basada principalmente en el uso de madera y piedra. Las viviendas, construidas por la comunidad Mong, son bajas y amplias, adaptadas a las duras condiciones climáticas de la alta montaña.
En particular, los techos están cubiertos con madera, ensamblada artesanalmente en forma curvada como caparazón de tortuga, un diseño que combina estética y adaptación al entorno.
Según el patriarca de la aldea, Gia Ba Lay, ese tipo de techo permite conservar el calor en invierno, mantener la frescura en verano y resistir la escarcha y los fuertes vientos.
Vista desde lejos, la aldea aparece como un conjunto de “caparazones de tortuga” en medio de un profundo verde montañoso, creando un paisaje a la vez misterioso y apacible. Más allá de su valor arquitectónico, Huoi Man es también un “museo viviente” de la cultura Mong, con múltiples oficios tradicionales y prácticas comunitarias.
Los habitantes mantienen el uso de trajes de brocado bordados a mano, las danzas con khen (flauta de bambú y madera) en festividades, la herrería, la fabricación de instrumentos musicales y los métodos de cultivo en terrazas. Destaca asimismo el sistema de lau khau (el almacén de alimentos de dos pisos), almacenes de alimentos elevados sobre pilares de madera y separados de las viviendas, que reflejan la experiencia en la conservación de productos agrícolas y la prevención de incendios.
Además, los pobladores aprovechan el relieve para construir diques y canalizar agua, creando estanques de cría de peces en las laderas, lo que aporta alimentos y contribuye a regular el microclima.
En los últimos años, Huoi Man ha experimentado cambios graduales con la llegada de la electricidad, la iluminación solar y la inversión en infraestructuras culturales. No obstante, la aldea mantiene su identidad en el contexto de la modernidad. Visitar Huoi Man es adentrarse en la serenidad de las montañas y apreciar los valores culturales preservados por la comunidad Mong a lo largo de generaciones.