Tras debutar en el primer Campeonato de Fútbol Femenino de las Minorías Étnicas de Vietnam, celebrado en 2026 en la provincia de Lao Cai, el equipo femenino de la comuna de Nam Tuan se constituyó oficialmente el 27 de septiembre.
El equipo cuenta con 23 jugadoras y dos entrenadores, y entrena regularmente por las tardes durante la semana.
El entrenador Duong Trong Huy señala que se han incorporado ocho jugadoras más para garantizar el relevo generacional y sustituir gradualmente a las de mayor edad.
Con motivo del Día de la Mujer Vietnamita (20 de octubre), el Comité del Frente de la Patria de Vietnam en la comuna de Nam Tuan organiza el Campeonato de Fútbol Femenino 2026, con la participación de cinco equipos de distintas aldeas.
En los equipos hay mujeres de perfiles muy diversos: funcionarias, empleadas públicas, profesoras, estudiantes, agricultoras y representantes de las aldeas. Algunas apenas superan los 20 años y otras se acercan a los 60.
Cada una tiene su propio trabajo y características, pero cuando visten la camiseta de su equipo, todas se entregan al juego, luchan por cada balón y se coordinan con sus compañeras.
Acostumbradas a trabajar en el campo y atender las tareas domésticas, estas mujeres de las minorías étnicas corren con energía y disputan cada balón con determinación.
Aunque con distintas personalidades y fuerzas, durante los entrenamientos y los partidos se animan y apoyan, unidas por el compromiso de defender los colores de su equipo.
El apoyo de sus familias, la colaboración en las tareas cotidianas y la presencia de sus seres queridos en la cancha les dan fuerzas para entrenar y competir con tranquilidad.
Las jugadoras responden al entusiasmo de los aficionados con partidos llenos de emoción y goles que mantienen la expectación en la cancha.
Para entrenar y jugar, cada una debe organizar sus tareas diarias y aprovechar el tiempo libre después de la jornada laboral.
Para ellas, el fútbol no solo es una forma de mantenerse en forma, sino también una fuente de alegría y una oportunidad para compartir experiencias, estrechar lazos y poner a prueba sus capacidades.
La pasión por el fútbol pasa de una generación a otra. En la cancha coinciden abuelas, madres y nietas, hasta tres generaciones de una misma familia que juegan para el equipo de su aldea.
Los vítores y aplausos convierten los partidos en un espacio de encuentro comunitario, donde las mujeres pueden expresarse y compartir la alegría de jugar juntas.